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martes, 26 de febrero de 2013

"Itinerarios del nihilismo. La nada como horizonte"


Los itinerarios del nihilismo que este volumen describe componen un recorrido diversificado, abierto e inacabado que explora esa condición de la vida humana que, nombrada por primera vez a finales del siglo XVIII, recorre la entera historia de la humanidad: el nihilismo. A modo de pistas para el seguimiento de lo que más parece un espectro polifacético inabarcable, terrible, temible y aniquilador —pero, inseparablemente, también iluminador y, acaso, regenerador—, los capítulos de este libro distribuyen sus búsquedas en un entramado diferenciado de cinco trayectorias que definen su singularidad sin ocultar los entrecruzamientos que las enredan entre sí: itinerarios ontológicos, históricos, éticos-estéticos, políticos y religiosos.
Herederos de la larga tradición filosófica que ha tomado posiciones ante el surgimiento y el asentamiento de la Nada como horizonte de la cultura, intentan ofrecer elementos con los que apuntar nuevos caminos, unas veces aventurándose directamente entre problemáticas generales, y otras enfrentándose a cuestiones más específicas. Tal vez, el mismo hecho de que no pretendan ni lleguen a reunirse para dar forma a un sistema sea un buen índice de lo que orienta a estas formas actuales de pensamiento.
Los estudios que aquí se presentan son continuación de la reflexión que desde hace tiempo desarrolla un grupo de investigadores del departamento de Filosofía II de la Universidad de Granada, algunas de cuyas investigaciones al respecto han visto ya la luz en publicaciones precedentes. Las que este volumen incluye amplían, documentan y recuperan una parte de las intervenciones que tuvieron lugar en el Encuentro Internacional de Filosofía «La tarea del pensar ante el reto del nihilismo», celebrado en Granada los días 19 al 22 de noviembre de 2008.


"Itinerarios del nihilismo. La nada como horizonte"
Ávila, Estrada, Ruiz (editores)
Arena Libros, 2009
ISBN: 978-84-95897-68-8

sábado, 12 de enero de 2013

"Escribir y ser"


Nadine Gordimer es una famosa escritora sudafricana que nació en 1923 en una familia de clase media, en una nación marcada por el apartheid. Pese a sus orígenes privilegiados, rápidamente tomó partido contra la segregación racial en su obra y en sus acciones, lo que valió censuras y persecuciones. En 1991, al recibir el Premio Nobel de Literatura, leyó el siguiente discurso, del que publicamos algunos fragmentos escogidos. Aquí reflexiona sobre los orígenes y los sentidos de la palabra, opina sobre la relación entre literatura y política, y cuenta su propio recorrido en el fascinante mundo de letras.


"Escribir y ser"
Nadine Gordimer
Ediciones Península, 1997
ISBN: 9788483070062
























Discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura.
En el principio fue la palabra


La palabra estaba con Dios, significaba la palabra de Dios, la palabra que era Creación. Pero durante los siglos de cultura humana la palabra ha tomado otros significados, tanto laicos como religiosos. Tener la palabra ha llegado a ser sinónimo de máxima autoridad, con el prestigio, con la asombrosa y a veces peligrosa persuasión de salir a la hora de máxima audiencia; tener un programa de charla en la televisión, tener un pico de oro además del habla de los santones. La palabra vuela por el espacio, rebota en los satélites, ahora más cerca que nunca del cielo de donde se creía que provino. Pero su transformación más importante ocurrió, para mí y para los que son como yo, hace mucho tiempo, cuando fue grabada por primera vez sobre una tablilla de piedra o trazada sobre el papiro, cuando pasó de ser oída a ser leída como una serie de signos, y luego como escritura; y luego de viaje a través de los tiempos de pergamino hasta Gutenberg. Porque ésta es la historia de la génesis del escritor. Es la historia que lo o la escribió en el ser. 
Fue, curiosamente, un proceso doble, creando a la vez tanto al escritor y la finalidad misma del escritor, como una mutación en el protagonismo de la cultura humana. Fue la ontogenia como origen y desarrollo de un ser individual, y la adaptación, en la naturaleza, de ese individuo, específicamente hacia la exploración de la ontogenia, origen y desarrollo del ser individual. Porque nosotros los escritores hemos evolucionado para esta tarea. Como el preso encarcelado junto al jaguar en el cuento de Borges, “La escritura del dios” que intentaba leer, a la luz de un rayo que caía sólo una vez al día, el significado del ser basado en las manchas de la piel de la criatura, pasamos nuestras vidas intentando interpretar a través de la palabra las lecturas que hacemos de las sociedades, del mundo del cual formamos parte. En este sentido, en esta participación inefable e inextricable, la escritura es siempre y simultáneamente una exploración del yo y del mundo; del ser colectivo y del individual. 


Estar aquí 
¿Cómo se llega a ser escritor, habiendo sido dotado de la palabra? No sé si mis propios comienzos son de algún interés. Sin duda tienen mucho en común con los de los demás, han sido descritos demasiado a menudo en el pasado como resultado de esta reunión anual delante de la que se pone el escritor. En cuanto a mí, he dicho en ocasiones que nada de lo que escribo o digo basándome en datos y hechos será tan veraz como mi ficción. La vida, las opiniones, no son la obra, porque es en la tensión existente entre apartarse y comprometerse donde radica la imaginación que transformará ambas. Permítanme darles la información mínima sobre mi persona. Soy lo que supongo que se llamaría una escritora innata. No tomé la decisión de serlo. No esperaba, al principio, ganarme la vida siendo leída. Escribía de niña por la alegría de percibir la vida a través de los sentidos -el aspecto, el olor y el tacto de las cosas-; y pronto de las emociones que me confundían o que se debatían dentro de mí adquiriendo una forma u otra, encontré alguna iluminación, consuelo y gozo, en la forma de la palabra escrita. Hay una parábola corta de Kafka que dice: “Tengo tres perros: Cógelo, Aprésalo, y Nuncamás. Cógelo y Aprésalo son Schipperkes normales y pequeños y nadie se apercibiría de ellos si estuvieran solos. Pero también está Nuncamás. Nuncamás es un gran danés cruzado y tiene un aspecto que incluso siglos de la crianza más cuidadosa no hubieran podido producir. Nuncamás es gitano.” En el pequeño pueblo sudafricano con minas de oro donde crecí, yo era Nuncamás, el perro cruzado (aunque dudosamente pudiera ser descrita como un gran danés...) en el que de las características aceptadas por la gente del pueblo no podría encontrarse ni rastro. Yo era el Gitano, jugando con las palabras de segunda mano, dejando que mis esfuerzos en la escritura recibieran la influencia de lo que leía. Porque mi escuela era la biblioteca del barrio. Proust, Chéjov y Dostoievski, por nombrar sólo unos pocos de aquellos a quienes debo mi existencia como escritora, eran mis profesores. Durante ese período de mi vida, sí, yo era la prueba de la teoría de que los libros son hechos de otros libros... Pero no podía quedarme así por mucho tiempo, ni creo que lo pueda hacer ningún escritor potencial. 
Con la adolescencia llega el primer impulso de aspirar a conectar con lo otro a través del deseo sexual. Para la mayoría de los niños, desde ese momento la facultad de la imaginación, manifiesta en el juego, se pierde en el enfoque sobre los sueños despiertos del deseo y del amor, pero para aquellos que están destinados a ser artistas de uno u otro tipo la primera crisis vital después de la del nacimiento añade alguna cosa más: la imaginación gana en amplitud y se extiende con el tensar subjetivo de emociones nuevas y turbulentas. Existen nuevas percepciones. El escritor empieza a ser capaz de entrar en la vida de los demás. El proceso de marginarse y de comprometerse ha comenzado. 
Inconscientemente, yo había estado hablándome a mí misma sobre el tema del ser, tanto si, como en mis primeros cuentos, hubo la contemplación infantil de la muerte y el asesinato en la necesidad de acabar, con un golpe mortífero, con la vida de una paloma recién mutilada por un gato, como en la consternación perpleja y en la conciencia precoz del racismo que surgían de mi asistencia a la escuela, cuando de camino pasaba por delante de los tenderos, ellos mismos inmigrantes de Europa oriental que rozaban los rangos más inferiores de la escala social anglocolonial de blancos en nuestro pueblo minero, abusando brutalmente de los que la sociedad colonial clasificaba como los últimos de todos, descartados como algo menos que humano: los mineros negros que eran clientes de esas tiendas. Sólo muchos años más tarde pude darme cuenta de que si hubiera sido una niña nacida en aquella categoría -la negra- probablemente no habría podido ser escritora en absoluto, ya que la biblioteca que me lo hacía todo posible no permitía la entrada a ningún niño negro. Y mi educación formal en el colegio fue, a lo más, superficial. 
Dirigirse a otro da comienzo a la siguiente fase del desarrollo del escritor. Publicar: publicar para cualquier persona dispuesta a leer lo que había escrito. Ésa era mi idea inocente y natural de lo que significaba publicar, y no ha cambiado, todavía hoy eso es lo que significa para mí, a pesar de ser consciente de que la mayoría de las personas se niega a creer que un escritor no tiene un público en particular en mente; y de ser consciente de otras cosas: de las tentaciones, conscientes e inconscientes, que seducen al escritor para que tenga en cuenta a los que se sentirán ofendidos, a los que aprobarán lo que sale impreso en la página; una tentación, como la mirada errante de Eurídice, llevará al escritor de vuelta a las Sombras de un talento echado a perder. 
La alternativa no es la maldición de la torre de marfil, otro destructor de la creatividad. Borges dijo una vez que escribía para sus amigos y para pasar el tiempo. Creo que fue una respuesta irritada y poco seria a la pregunta crasa -a menudo una acusación-: “¿Para quién escribe?”, igual que la amonestación de Sartre de que hay momentos en los que un escritor debería dejar de escribir y actuar sobre la existencia únicamente de otra forma, que se dio en medio de la frustración de un conflicto no resuelto entre el dolor ante la injusticia en el mundo y la conciencia de que lo que él sabía hacer mejor era escribir. Ambos, Borges y Sartre, desde sus perspectivas totalmente contrapuestas de negar a la literatura una finalidad social, indudablemente eran completamente conscientes de que la literatura tiene su papel social implícito e inalterable para explorar el estado del ser, del que se derivan todos los demás papeles, el personal entre los amigos, el público durante las manifestaciones de protesta. Borges no escribía para sus amigos, porque publicaba y todos hemos recibido el regalo de su obra. Sartre no dejó de escribir, aunque se apostó tras las barricadas en 1968. 
La pregunta acerca de para quién escribimos, sin embargo, atormenta al escritor, una lata atada a la cola de toda obra publicada. Principalmente hace sonar de manera discordante la inferencia de tendenciosidad como elogio o menosprecio. En este contexto, Camus fue quien mejor trató la cuestión. Dijo que le gustaban más los individuos que toman partido que las literaturas que toman partido. “O bien uno sirve al hombre entero o no le sirve en absoluto. Y si un hombre necesita pan y justicia, y si lo que hay que hacer debe hacerse para servir esta necesidad, también necesita la belleza pura, lo que constituye el pan de su corazón.” Así que Camus reivindicaba “coraje en la vida de uno y talento en la obra de uno”. Y García Márquez redefinió la ficción de esta forma: “La mejor manera en que un escritor puede servir a una revolución es escribir lo mejor que pueda“. 
Creo que estas dos frases pueden constituir el credo para todos los que escribimos. No resuelven los conflictos que han llegado, y que seguirán llegando, hasta los escritores contemporáneos. Pero manifiestan claramente una posibilidad sincera de hacerlo, y vuelven la cara del escritor directamente hacia su existencia, su razón de ser como escritor, y su razón de ser como ser humano responsable, actuando, como cualquier otro, dentro de un contexto social. 
Ser aquí; en un momento y lugar en particular. Ésa constituye la posición existencial que acarrea consecuencias particulares para la literatura. Czeslaw Milosz escribió una vez: “¿Qué es la poesía que no sirve a las naciones o a la gente?", y Brecht escribió de una época cuando “hablar de los árboles es casi un crimen”. Muchos de nosotros hemos tenido pensamientos tan desesperanzados mientras vivíamos y escribíamos durante tiempos así, en lugares así, y la solución de Sartre no tiene sentido en un mundo donde los escritores estaban -y están- censurados y tienen prohibido escribir; donde, lejos de abandonar la palabra, se arriesgaban y se arriesgan vidas sacándola, sobre fragmentos de papel, fuera de las prisiones. El estado de ser cuya ontogenia exploramos ha llegado a incluir de manera totalizadora tales experiencias. Nuestros enfoques, en las palabras de Kazantzakis, tienen que “tomar la decisión que armonice con el ritmo espantoso de nuestro tiempo”. 


martes, 8 de enero de 2013

"Los jóvenes"


El riesgo de apostar por la intensidad de un mundo de experiencias que merecen ser narradas, con una lengua extrema que dinamita la tradición realista, una centralidad torrencial de voces de la oralidad hasta entonces confinadas en los márgenes y un humor escatológico que perfora todos los límites, está en la cédula de identidad de ese escritor imposible, marginal y a la vez trágico. Carlos Correas fue una especie de eslabón perdido, ahora menos olvidado y más visibilizado, que introdujo la temática homosexual en la ficción. “Nuestras obras deben asustar, crear dolores de cabeza, preocupar, ponerlo todo en cuestión. Es, por supuesto, una literatura del escándalo”, asumía un joven que en 1953 sabía que, por más que se aproximaran tiempos de zozobra, tenía un programa literario de una radicalidad tan deslumbrante que aún sigue planteando incómodas paradojas en los discursos del presente. Los jóvenes, recientemente publicado por Mansalva, incluye la nouvelle inédita que da título al libro, los relatos “La narración de la historia” –sin duda uno de los mayores escándalos literarios, con una causa judicial por “obscenidad” que lo sentenció a seis meses en libertad condicional–, “Las armas tiernas” y “Algo más sobre mi caso”.
"Los jóvenes"
Carlos Correas
Mansalva, 2012
ISBN: 9789871474592





viernes, 23 de noviembre de 2012

"Escritos sobre ocultismo y masonería"

Que a Fernando Pessoa (1888-1935), el gran poeta portugués del siglo XX, le interesaban los asuntos relacionados con el ocultismo, el espiritismo y lo esotérico es una realidad que no pasa inadvertida a los lectores de libros como Mensagem (en el que enarbola una interpretación mitológica de la Historia de Portugal) y el monumental Libro del desasosiego, quizá su obra definitiva, escrita por el heterónimo Bernardo Soares y repleta de claves lingüísticas y simbólicas. Incluso dentro del mismo Portugal se especula aún hoy con la pertenencia del autor a la masonería, una vinculación que él siempre negó, si bien admitió la fascinación que esta sabiduría ejerció en su pensamiento desde el fatal suicidio en París de su amigo y también poeta Mario de Sá Carneiro.
"Escritos sobre ocultismo y masonería" 
Fernando Pessoa 
ISBN: 978-987-554-097-2 
Simurg, 2007


















miércoles, 14 de noviembre de 2012

"Hombre sin mundo"

Hombre sin mundo aparece por primera vez en forma de libro el año 1984 en Múnich; obra de marcado tono filosófico, reúne, no obstante, textos dedicados a escritores y artistas con los que, en su mayoría, el autor mantuvo una relación más o menos estrecha: Brecht, Broch, Döblin, Heartfield, Grosz y Kafka. El volumen contiene asimismo alguno de los dibujos de Günther Anders.

“Hombres sin mundo” eran y son quienes están obligados a vivir dentro de un mundo que no es el suyo; dentro de un mundo, que, a pesar de estar producido y mantenido en movimiento por ellos con su trabajo cotidiano, no está construido para ellos (Morgenstern), no está ahí para ellos; dentro de un mundo, para el que ellos han sido pensados, utilizados y están ahí, pero cuyos estándares, aspiraciones, lenguaje y gusto no son los suyos, no les están permitidos."

"Sin mundo en un sentido aún más acentuado o, mejor, en el sentido más potente son los parados que, al perder su trabajo, incluso perdieron ese 'mundo' que no había sido el “suyo” y, sin embargo, tuvieron que pagar alguna cosa por eso."

"Los hombres no estamos fijados en un mundo determinado ni en un estilo de vida determinado, sino más bien obligados a procurarnos o a crearnos en cada época, en cada lugar, si no incluso a diario, un nuevo mundo y un nuevo estilo de vida."

"En cuarto lugar, con la expresión “hombre sin mundo”, hago referencia al hombre en la época del pluralismo cultural; a ese hombre que, por participar a la vez en muchos, demasiados mundos, no tiene un mundo determinado y, por tanto, no tiene ninguno."
G. A.

 "Hombre sin mundo"
Günther Anders
ISBN: 84-8191-800-8
Editorial Pre-textos, 2007























miércoles, 3 de octubre de 2012

"Moderno/Contemporáneo: un debate de horizontes"

¿Qué hace a una obra de arte de hoy ser 'contemporánea'? ¿Eso significa que el concepto de 'contemporáneo' es ya un concepto historiográfico con implicaciones metodológicas? Si es así ¿se puede hablar de unas características de lo contemporáneo? Aquí se propone revisar las implicaciones de este debate en la práctica de la historia, la filosofía, la crítica de arte y la curaduría, analizar sus alcances estéticos y considerar las relaciones o rupturas del arte actual con las tradiciones artísticas y estéticas modernas.

"Moderno/Contemporáneo: un debate de horizontes"
Domínguez, J., Giraldo, E., Fernández, C.A. (eds)
ISBN: 978-958-8427-08-9
Universidad de Antioquia/La carreta del arte
312 págs



Índice

> Presentación

> Lo moderno como contemporáneo: sobre algunos parámetros de la crítica de arte del presente
Vicente Jarque

> Lo contemporáneo en el arte: una cuestión de anacronismos
Kathia Hanza

> El fin del arte y el fin de las vanguardias
Daniel Jerónimo Tobón Giraldo

> La historia del arte en la poshistoria 
Carlos Arturo Fernández Uribe

> Desde aquí: arte contemporáneo, cultura e internacionalización 
Gerardo Mosquera

> La construcción del concepto de lo contemporáneo en la critica de arte en Colombia, de Marta Traba a Esfera Publica en Seis Momentos, veinte tesis, cinco críticos y diez publicaciones acerca de una ubicación cultural aplazada 
Efrén Giraldo

> Fotografía política y de contenido social en Colombia en los años 70
Santiago Rueda

> Notas sobre la relación entre prácticas artísticas e institución universitaria
Miguel Huertas

> Una revisión de la historiografía de Christian Norberg-Schulz bajo la noción de crítica operativa
Ricardo Malagon

> El video arte y el video instalación: de la post-historia a la post-producción
Oswaldo Osorio

> Identidades paradójicas y mediaciones contextuales en el arte contemporáneo
Margarita Calle

> Moderno-contemporáneo. De la ilusión de lo real a la realidad de la ficción 
Carlos Alberto Ospina H

> De la utilidad y los inconvenientes del debate Moderno/contemporáneo para el arte y la vida
Carlos Eduardo Sanabria B

> Del arte moderno al arte contemporáneo en Antioquia. Ambientes e instalaciones 
Alba Cecilia Gutiérrez G
Armando Montoya L
Luz Analida Aguirre R




martes, 18 de septiembre de 2012

"Función, norma y valor estético como hechos sociales"

«En suma, lo estético, es decir, la esfera de la función, la norma y el valor estéticos, se halla ampliamente extendido por toda la esfera del comportamiento humano, y representa un factor importante y multifacético de la praxis. No hacen justicia a su alcance y a su importancia aquellas teorías estéticas que lo reducen a uno solo de sus numerosos aspectos, declarando que el único objetivo de la intención estética es el placer, la emoción, la expresión o el conocimiento. Todos estos aspectos, junto con otros, forman parte de lo estético, sobre todo en su manifestación más alta, como es el caso del arte; sin embargo, cada uno de ellos desempeña sólo aquel papel que le corresponde en la formación de la actitud general del hombre hacia el mundo.»


"Función, norma y valor estético 
como hechos sociales"
Jan Mukarovsky
Apostillas por Jorge Panesi
ISBN
El cuenco de plata
144 págs

lunes, 17 de septiembre de 2012

Menú 17 septiembre "Je est un autre"






Entrada: "Hombre lento" - J. M. Coetzee








‎"Estoy habitado; hablo a los que fui y los que fui me hablan.
Experimento a veces la molestia de sentirme extranjero.
Los que fui constituyen ahora toda una sociedad
y acaba de ocurrirme que ya no me entiendo a mí mismo.
"

                                                 Henry Michaux