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martes, 22 de enero de 2013

"Mortalidad"

En mis tiempos, me he despertado más de una vez sintiendo que me moría. Pero nada me había preparado para la mañana de junio en la que, al recobrar la conciencia, me sentí como si de verdad estuviera encadenado a mi propio cadáver. Toda la cavidad de mi pecho y mi tórax parecía haberse vaciado y después llenado con cemento de secado lento. Me oía respirar débilmente, pero no podía inflar los pulmones. Mi corazón latía demasiado o demasiado poco.

Cualquier movimiento, por pequeño que fuera, requería premeditación y planificación. Me exigió un esfuerzo extenuante cruzar la habitación de mi hotel de Nueva York y llamar a los servicios de urgencias. Llegaron con gran rapidez y se comportaron con inmensa cortesía y profesionalidad. Tuve tiempo de preguntarme para qué necesitaban tantas botas y cascos y tanto equipamiento pesado de apoyo, pero ahora que visualizo la escena retrospectivamente la veo como una deportación muy amable y firme, que me llevó desde el país de los sanos a la frontera inhóspita del territorio de la enfermedad. En unas horas, tras realizar una buena cantidad de trabajo en mi corazón y mis pulmones, los médicos de ese triste puesto fronterizo me habían enseñado unas cuantas postales del interior, y me habían dicho que mi siguiente e inmediata parada tendría que ser con un oncólogo. Alguna clase de sombra se proyectaba en los negativos.


"Mortalidad"
Christopher Hitchens
Debate, 2012
ISBN: 9789871786534 

lunes, 21 de enero de 2013

"La especie humana"

En 1943, Robert Antelme, joven de veintiséis años, redactor en el Ministerio de Información francés, entra en la Resistencia. La amistad decide por él. «No fuimos héroes», recordará Marguerite Duras, casada en aquella época con Antelme, «la Resistencia vino a nosotros porque éramos gente honrada». En 1944 es detenido por la Gestapo y deportado a Alemania, al igual que su hermana Marie-Louise. Buchenwald, Gandersheim y Dachau son las etapas sucesivas de esa deportación. En El dolor, Marguerite Duras narra los días de abril de 1945 consumidos en la espera de Robert, en la pesadilla sobre su retorno. Hallado en Dachau, presencia sin identidad («un Ecce homo sin sujeto, muestra de nadie, muestra no de un hombre, sino el Hombre reducido a su esencia irreductible», escribirá mucho más tarde Dionys Mascolo), es sacado del campo por sus amigos. Durante el viaje de regreso, «infernal y maravilloso», en una fiebre, no parará de hablar. «Habla sin fin», habla sofocada y sofocante por querer decir la indecible verdad que lo humano entraña. Un año después, retornado a la carne, trabaja en la escritura de La especie humana, libro publicado por vez primera en 1947. 
Escrito con una sobriedad «a ras de las cosas», La especie humana es un relato marcadamente antiliterario, o bien de pura literatura. Desarmada escritura del desastre que pone de manifiesto, en palabras del propio Antelme, «como sola y última reivindicación, un sentimiento último de pertenencia a la especie». 
Comunidad de la especie así afirmada que, lejos de reintegrarnos en una presencia tranquilizadora de lo humano para consigo mismo, nos asedia y obsesiona a modo de un deshacimiento infinito. Como lo leerá Mascolo: «El SS no es diferente de nosotros. La inocencia personal, por muy profunda que se la suponga, nada vale al lado de esa solidaridad forzosa con la especie como portadora de mal, de muerte, de fuego. No hay humanismo en eso. ‘Nuestro hermano SS’, podría decirse … para decir la inhumanidad que hay en el hombre». 
En 1946, Antelme, «comunista» anterior a toda militancia, ingresa en el Partido, del que se verá excluido en 1950. Contrario a la continuación de la guerra en África del Norte, es uno de los firmantes del llamado «Manifiesto de los 121», una Declaración sobre el derecho a la insumisión en la guerra de Argelia, en cuya redacción final interviene decisivamente Maurice Blanchot: «La negativa a servir es un deber sagrado». En 1968 es miembro del Comité de acción de estudiantes y escritores. Padece una hemiplejía desde 1983, y muere en 1990.


«Consideraba que él, que había vivido aquello, no era nada. Porque lo que había vivido era inmenso, increíble. Aquello ponía de relieve una fuerza que no se conocía en el hombre. Ante ese fenómeno, él sentía que había sido accidentalmente el objeto de tal encuentro.» 
Marguerite Duras 


«Ha escrito un libro sobre lo que cree haber vivido en Alemania: La especie humana. Una vez escrito, hecho, editado el libro, no ha hablado más de los campos de concentración alemanes. Nunca pronuncia esas palabras. Nunca más. Nunca más tampoco el título del libro.» 
Marguerite Duras 

«Por eso, Robert, conservo mi sitio junto a usted. Y esta “noche vigilada” en que usted viene a verme no es una ilusión donde todo desaparece, sino mi derecho a hacerle vivir hasta en la nada cuya cercanía presiento.»
Maurice Blanchot 

«Inmensidad de esa habla inerme. Aurora de la “debilidad humana”, soberana.» 
Robert Antelme 


"La especie humana" 
Robert Antelme 
Arena Libros, 2001 
ISBN: 84-930708-6-6 

"Estallidos y bombardeos"


Individualista insobornable, narrador de sorprendente talento, polemista de genio, testigo privilegiado de la escena artística inglesa de las primeras décadas del XX, íntimo de James Joyce, T. S. Eliot o Ezra Pound, archienemigo de Noël Coward y de los artistas del grupo de Bloomsbury, muchos coinciden en señalar a Wyndham Lewis como alguien extremadamente brillante y por tanto peligroso. Esta es la autobiografía de Wyndham Lewis durante sus años más creativos: el período que precedió y que siguió inmediatamente a la Primera Guerra Mundial. Pero no estamos simplemente ante unas originalísimas memorias de guerra y posguerra. Este libro constituye, de hecho, un auténtico repaso a las inquietudes artísticas de toda una época. 

"Estallidos y bombardeos" 
Wyndham Lewis 
Impedimenta, 2008 
ISBN:978-84-936550-3-7 

"En las trincheras "

“Toda esta grande y gloriosa nación de Francia se halla en suspenso y como aletargada de frío, mientras sus hijos se baten”. El joven periodista catalán Gaziel conoció “las oleadas de polvo y sangre” de los frentes de la Primera Guerra Mundial, se mezcló con los soldados de la vanguardia y con las gentes de la retaguardia para trazar un testimonio emotivo, penetrante y pacifista. La visión de uno de los primeros corresponsales de guerra españoles, que recorrió los frentes francés y balcánico, de Verdún hasta Serbia, se internó en las trincheras y arriesgó su vida en las líneas de fuego, equipado con 
máscara antigás, bajo el fuego de los francotiradores. Edición definitiva, con artículos nunca recogidos en volumen, a cargo de Manuel Llanas, biógrafo de Gaziel, y Plàcid Garcia-Planas,  corresponsal de guerra de La Vanguardia. 


Bajo el seudónimo de GAZIEL se esconde el escritor Agustí Calvet  (1887-1964), cuya trayectoria periodística, truncada por la guerra civil, culminó en la dirección del periódico barcelonés La Vanguardia en el período 1920-1936. Gaziel se había dado a conocer en sus  páginas con crónicas de la Primera Guerra Mundial que, originales y amenas, ponen de manifiesto una capacidad de observación que hoy en día sigue subyugando, convirtiendo sus reportajes y artículos en obras maestras. Vivir la guerra le permitió perfilar su conocimiento del alma humana y, en una paradoja del destino que él mismo reconoció, le hizo descubrir su  capacidad de seducir a los lectores. 


"En las trincheras "
Gaziel 
Diéresis, 2009 
ISBN: 978-84-933997-7-1 

jueves, 18 de octubre de 2012

"Éramos unos niños"


Cuando Patti Smith escribió Éramos unos niños ya no era tan niña, ya había llegado a su madurez artística e intelectual. Y sobre los acontecimientos que escribe en este volumen de sus memorias, ambos protagonistas, Robert Mapplethorpe y ella, tampoco eran tan niños, eran dos almas gemelas que se necesitaban para crecer y, evidentemente, lo hicieron. Crecieron como personas, crecieron como artistas y crecieron como genios.
Robert Mapplethorpe fue una parte muy importante en la vida de la cantante y escritora

Cuando dos genios se encuentran es como cuando dos estrellas chocan en el firmamento, la explosión se produce, pero no la vemos hasta miles de años después. Cuando ellos se encontraron en la calles de Nueva York ocurrió algo parecido, los resultados fueron inmediatos pero nosotros no los vimos hasta muchos años después, cuando la madurez artística suplió a la adolescencia creadora y rompedora. Cuando la evolución que todo ser humano padece, transciende los medios de comunicación y se hace accesible al público en general.

“Yo estaba durmiendo cuando él murió”, así comienza el libro de memorias de la cantante y poeta Patti Smith. Muchas veces lo más importante nos sucede cuando estamos durmiendo y nos enteramos horas después. A Patti Smith aquel día la despertó la llamada del hermano de Robert para comunicarla lo que había ocurrido. Se acabaron de golpe 22 años de relaciones, de complicidades y de ambigüedades. Se acabó una colaboración fructífera por la gran lacra del siglo XX.

El libro comienza en 1967, cuando se conocieron casualmente en Nueva York y acaba en 1989, cuando Robert fallece tras una larga enfermedad. En esos años ocurrieron muchas cosas, fueron los años decisivos para Estados Unidos y para la cultura pop, que comenzó y se desarrolló en esos años, donde la Factoría de Andy Warhol desempeñó un papel estelar que influiría a artistas de diferentes ámbitos como la pintura, la música, la escultura, la fotografía, etc.

Patti Smith llegó a Nueva York después de tener un hijo a los 19 años y darlo en adopción. Llegó a la gran manzana con un único fin: escribir, “por Rimbaud escribí y soñé”, confiesa en las páginas del libro. Y escribió durante muchos años de forma solitaria, sin que nadie la leyese salvo Mapplethorpe, que poco a poco la fue influenciando, modelando, al igual que ella hizo con él. Ambos se ayudaron en sus carreras, pero terminaron creciendo hacia posiciones diferentes.

El libro cuenta las vicisitudes y problemas por los que tuvieron que pasar para conseguir su camino artístico. Sus privaciones, su vida en común, sus relaciones. Patti Smith lo cuenta absolutamente todo en el libro, su larga relación sentimental intermitente, hasta que Robert encuentra su verdadera sexualidad, hasta que en cierto momento la llega a confesar que sólo había tenido relaciones con una única mujer: ella. Y también cuenta sus relaciones con artistas como el escritor, guionista y actor Sam Shepard, que cuando le conoció era batería del grupo The Holy Modal Rounder, el poeta Jim Carrol o el músico Allen Lanier, teclista y guitarrista del grupo de rock psicodélico.

Pero no sólo se queda con eso, cuenta sus viajes a Europa en busca de la poesía, cuenta sus dificultades en sus trabajos, cómo tenía que vender libros en una librería y cómo restauraba los libros que compraba a bajo precio en las librerías de saldo. Cuenta las noches en vela escribiendo poemas o ayudando en sus obras a Robert. También cuenta dónde vivía. Una larga temporada la pasaron en el famoso Hotel Chelsea donde conocería a muchos artistas y músicos. Sus visitas a los locales de moda y a las salas de conciertos como el Fillmore East, donde escucharía desde Bob Dylan hasta Jefferson Airplane, pasando por Jimmy Hendrix y Janis Joplin, conformarían lo que sería su posterior carrera como músico.

Un encuentro casual con el productor y cantante Todd Rudgren haría que su destino fuese cambiando paulatinamente. Después de unas breves apariciones como actriz en pequeñas obras, aceptó leer sus poemas en un escenario; eso la condujo a añadir música a esas representaciones y el paso siguiente fue musicar sus poemas con la ayuda de diversos amigos. De ahí a grabar su primer disco en 1975, el famoso Horses, que la impulsaría como cantante y compositora a nivel mundial.

Su relación con Robert Mapplethorpe no decayó y siguieron colaborando, aunque esporádicamente, él fue el autor de su primera portada, él fue el autor por excelencia de la polaroid y el libro está lleno de esas muestras. Los dos continuaron creciendo hasta que la muerte segó esa colaboración, pero quedan sus obras conjuntas, queda la historia de dos artistas pop por excelencia y lo que Patti Smith ha sabido hacer a la perfección es dejar ese recuerdo por escrito.

Su libro tiene la poesía de la vida, su libro tiene el sentimiento trágico de la muerte, tiene el testimonio de cómo se realiza un proceso de creación. Tiene todo eso y la pasión por la vida, la superación de las dificultades cuando se tiene un proyecto que merece la pena. Patti Smith se convierte en el libro en una narradora sólida, minuciosa y de una fuerza que para sí la quisiesen muchos escritores que pululan por el mundo.

Su libro es el testimonio puro del estallido del pop americano y las consecuencias que tuvo. Su libro es la rebeldía de quien no se conforma con lo que es y quiere mejorar. Ha escrito una obra imprescindible para quien quiera conocer unos años que cambiaron la música, unos años que cambiaron el mundo.

"Éramos unos niños"
Patti Smith

ISBN: 9788426414052
Lúmen

miércoles, 17 de octubre de 2012

"Un día del año. 1960-2000"

El éxito logrado por la película La vida de los otros y la polémica que ha acompañado la autobiografía de Günter Grass hacen doblemente oportuna la publicación de este libro de Christa Wolf (Lansberg, Alemania, 1929). Se trata, no obstante, de un proyecto de 1960, cuando la escritora, reconocida ya entonces como la gran figura literaria de la R. D. A., estaba a punto de abandonar su indecoroso papel de “colaboradora informal” en la temida Stasi para alinearse en las filas de la disidencia y ser objeto a su vez del acoso y la vigilancia del régimen.

Fue el diario soviético Izvestia quien rescató un viejo proyecto que Gorki propusiera poco antes de morir: relatar “un día del mundo”, resumir en la narración de una sola jornada el caleidoscopio global de la historia en clave del realismo socialista. Christa Wolf se enroló en la empresa escribiendo lo que fue su vida el martes 27 de septiembre de 1960, pero lo más relevante es que continuara en el empeño, ya por libre y sin interrupciones, hasta el propio 2000. 

Entre los tanteos en el laberinto del ego hecho género literario, llámense memorias, diarios o autobiografías, no caben grandes innovaciones. Quizá por azar, Wolf consigue un resultado hasta cierto punto sorprendente, muy distinto de las otras posibilidades abiertas para una escritora que se reconoce a sí misma mucho más afecta a la realidad cotidiana que a la invención. En vez del día a día estomagante y un tanto narcisista, su pluma atiende, aparentemente de modo aleatorio, a una sola jornada de cada año, con lo que a lo contado se añade el efecto sugerente de las elipsis gracias a las cuales la narración avanza velozmente sin que el atento lector deje de percibir la continuidad vital en la trayectoria de la protagonista.

“En un día del hombre están los días / del tiempo // Entre el alba y la noche está la historia/ universal”, escribió Borges para homenajear al autor de Ulises, relato de una jornada cualquiera de un Odiseo paseado por el Callejón del Gato. Desde entonces han sido muchos los autores que han narrado 24 horas para descifrar desde tamaña angostura temporal lo más complejo, para presentarlo no como un abigarrado panorama sino como epifanía. En la literatura alemana así lo hicieron Zweig, Thomas Mann, Broch o Büll y ahora lo hace Christa Wolf en clave no de ficción sino de autobiografía, como había adelantado ya en su novela corta Lo que queda escrita en 1979 y publicada diez años después. A lo largo de Un día del año podemos registrar la respuesta de una intelectual comprometida con los avatares de la historia: 1962 y la construcción del muro; 1989 y la primavera de Praga; el golpe chileno de 1973; 1990, del que se dice: “este año no es un año, es el año del viraje”, el de la unificación alemana a la que Wolf, como también Grass, se oponía frontalmente; y 1998 con la por ella muy celebrada derrota electoral de Kohl ante la coalición rojo-verde.

Porque a lo largo de esta feliz mezcla de diario y anuario seguimos la trayectoria de la autora tanto en lo que se refiere a su cotidianeidad doméstica y familiar -la captación del universo infantil de sus hijas y nietos es magnífica-, a su hipocondría y la conciencia del envejecimiento como a su actividad pública y su evolución ideológica, que va desde un profundo desencanto del régimen comunista por su mecanicismo antihumanista hasta un rechazo visceral a una Alemania reunida y humillada ante el becerro del consumismo. Aparece también la dimensión literaria a través de sus relaciones con otros escritores como Anna Seghers o Max Frisch y sus disquisiciones acerca de su oficio y de la literatura en general, que la llevan tanto a denunciar la insuficiencia del realismo socialista como a advertir la reificación de la literatura postmoderna. Pero igualmente son de destacar las páginas en las que elabora su propia teoría del escrito autobiográfico que año a año va enhebrando. Se plantea, así, la cuestión de “cómo surge un destino, una vida, a partir de la vida de cada día” (pág. 539), y encuentra la respuesta, borgianamente, en una epifanía que le sobreviene el lunes 27 de septiembre de 1993, cuando de mañana, con la luminosidad otoñal sobre el escenario doméstico “es como si se concentrara toda la luz de todas las mesas de cocina de mi vida en esta única mesa”. 



"Un día del año. 1960-2000"
Christa Wolf
ISBN:9788481096293
Galaxia Gutemberg

domingo, 9 de septiembre de 2012

Menú del 08 Septiembre - Viajado y cultural

Entrada: "El naturalista en el plata" - W. H. Hudson - Ed. Elefante Blanco


Vino Patero: "Entre el desierto y el jardín. Viaje, literatura y paisaje en la colonia galesa de la Patagonia." - Fernando Williams - Ed. Prometeo

Plato Principal: "Ojos imperiales. Literatura de viajes y transculturación" - Mary Louise Pratt - Fondo de Cultura Económica


Postre: "Lanzas del crepúsculo. Relatos jíbaros alta patagonia" - Philippe Descola - Fondo de Cultura Económica






"Hay mucha diferencia entre viajar para conocer 
países y viajar para conocer pueblos" J. J. Rousseau