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martes, 26 de febrero de 2013

"Sade"


En su ensayo, Sollers analiza la recepción de la obra del Marqués, y llega a sostener que su filosofía, la de la libertad extrema, sin el freno de la ética, la religión o las leyes, ha sido intencionadamente malentendida.
“Nunca el arte de novelar ha alcanzado este rigor en la composición, esta rapidez de líneas. Sade o el arte de la fuga, la ofrenda musical de la conciencia de sí mismo [...] El Marqués, no lo dudemos, no es más feminista que humanista, en él hay lugar para cada discurso y su contrario (para algunos esto es lo más condenable), desenmascara todos los prejuicios sin ambages, eso es todo”.

Durante el Reinado del Terror, con el jacobinismo radical de los años II y III de la I° República francesa (1793-1794), el Comité de Salud Pública prohibió el culto católico y lo sustituyó por el culto al Ser Supremo, una religión sin trascendencia, que promivía un conjunto de fiestas cívico-religiosas, que procedían del sincretismo del siglo de las Luces. Estaban destinadas a reunir, periódicamente, a los ciudadanos, y promover los valores, sobre todo sociales, así como los abstractos: la Amistad, la Fraternidad, el Género Humano, la Infancia, la Juventud, o la Desgracia. El "ciudadano Sade", aunque se adaptó rápidamente a la nueva situación política que siguió a la Revolución Francesa, vivió aterrorizado por el Reinado del Terror. El 8 de diciembre de 1793 fue arrestado y encarcelado durante cerca de un año. En esta hipotética carta al cardenal Bernis, escrita la víspera de su arresto, Sollers nos retrata un ciudadano Sade que desvela las luces y las sombras de ese culto al Ser Supremo, y como oculta las argucias de un nuevo totalitarismo. 
“¿Era necesario romper los altares de la superstición y del fanatismo para llegar a reconstruir a la inversa este culto grosero? Creíamos haber extirpado la hipocresía y mira por donde nos preparan, imaginaos, otro espectáculo. Después de los ríos de sangre, ¿sabéis el qué? Me apuesto lo que queráis a que no lo acertáis: ¡El Ser Supremo! No os riáis, es el nombre inflado de nuevo de la Quimera, nos han cambiado el perro de collar.”

"Sade"
Philippe Sollers
Páginas de espuma, 2007
ISBN: 978-84-95642-97-4




sábado, 2 de febrero de 2013

"Las tetas de Tiresias"

Las tetas de Tiresias (Les Mamelles de Tirésias) es una obra de teatro surrealista de Guillaume Apollinaire estrenada en el Teatro Renée-Maubel de París el 24 de junio de 1917, dirigida por Pierre Albert-Birot, con música de Germaine Albert-Birot y escenografía y vestuario de Serge Férat.
Max Jacob dirigió los coros.
El autor se inspiró en el mito del adivino tebano Tiresias para invertirlo y realizar una actualización de tintes provocadores, feministas y antimilitaristas.
Cuenta la historia de Teresa, que cambia de sexo para obtener el poder entre los hombres. Su objetivo es alterar las costumbres, rechazar el pasado y establecer la igualdad de sexos.
Apollinaire subtituló la pieza drama surrealista, dando lugar a la designación que pasaría a ser la de uno de los movimientos artísticos y literarios más significativos del siglo XX. La portada del programa del estreno era un dibujo de Pablo Picasso.
El estreno de la obra, abundante en travestismos, juegos de palabras y salidas de tono, constituyó un escándalo además por sus alusiones pacifistas en plena Primera Guerra Mundial (en la que, sin embargo, Apollinaire había luchado y sido herido), que hacía sospechosa de pangermánica toda conducta de este tipo.
"Las tetas de Tiresias"
Guillaume Apollinaire
Traducción de Jorge Fondebrider
Gog Y Magog, 2010
ISBN: 9789509704527


"Los vasos comunicantes"


Los vasos comunicantes son aquellos que restablecen la unidad entre el mundo de la vigilia y el del sueño. Lo importante es «retener de la vida despierta lo que merece ser retenido». Por eso el sueño libera, exhibe, crea, borra la noción del tiempo y provoca una «conspiración de silencio y de noche» en torno al amor. El sueño sobrepasa la realidad y restituye la presencia de los seres amados y ausentes. La mujer, enigmática y evasiva, aparece envuelta en melancolía y soledad. Los lugares, los objetos, las personas cobran sentido auténtico al animarse por la afectividad evocadora e irracional del poeta. Y es éste el que vuelve a colocar al hombre en el corazón del universo. En este libro, André Breton pretende demostrar que el mundo real y el del sueño son el mismo; examina las diversas teorías de interpretación del sueño y se detiene principalmente en la propuesta por Freud. Pero para Breton la unidad del sueño y de lo real tiene su raíz en una transformación social. Sin embargo, eso que él busca más allá de la revolución es «el destino eterno del hombre».
"Los vasos comunicantes"
André Breton
Ediciones Siruela, 2005
ISBN: 978-84-7844-869-2


viernes, 4 de enero de 2013

"Lo que significa amar"

Con Lo que significa amar –reconocido con el Premio Médicis 2011 a la mejor obra francesa–, Mathieu Lindon homenajea a los dos hombres que lo "hicieron": su padre, que fue el creador de la mítica editorial Minuit, y el filósofo Michel Foucault, que fue su mentor y su gran amigo.

Escritor y periodista cultural del diario Libération, Lindon logra un texto hermoso y conmovedor, crudo y sincero, sobre estas dos figuras paternales, tan diferentes entre sí. Lo que significa amar es un libro sobre el amor en todas sus formas y expresiones.
"Lo que significa amar"
Mathieu Lindon
Capital Intelectual, 2012
ISBN: 978-987-614-384-4



















"Mathieu Lindon construye un retrato reconciliado y luminoso del filósofo Michel Foucault en un magnífico libro de aprendizaje, himno a la amistad y a la importancia de los encuentros." Nelly Kaprièlian, Les Inrockuptibles

"Un emocionante y muy bello relato en el que se conjugan y se iluminan historias filiales y de amistad." Sabine Audrerie, La Croix

"Un libro fascinante." Vicente Molina Foix, El País

miércoles, 2 de enero de 2013

"Antología (1913-1966)" André Breton



La unión libre

Mi mujer con la cabellera de fuego de los bosques
Con pensamientos de relámpago de calor
Con su talle de reloj de arena
Mi mujer con su talle de nutria en los dientes del tigre
Mi mujer con la boca de escarapela y de ramillete
de estrellas de un ínfimo tamaño
Con dientes de huellas de ratones blancos en la tierra blanca
Con la lengua de ámbar y vidrio frotados
Mi mujer con la lengua de hostia apuñalada
Con la lengua de muñeca que abre y cierra los ojos
Con la lengua de piedra increíble
Mi mujer con pestañas de palotes de escritura de niño
Con sus cejas de borde de nido de golondrina
Mi mujer con sus sienes de pizarra en un techo de invernadero
Y de vaho en los vidrios
Mi mujer con hombros de vino de champaña
Y de frente con cabeza de delfines bajo la nieve
Mi mujer con muñecas de fósforos
Mi mujer con dedos de azar y de as de copas
Con sus dedos de heno cortado
Mi mujer con axilas de marta y de bellotas
De noche de San Juan
De alheña
Con sus brazos de espuma de mar y de esclusa
Y de mezcla de trigo y de molino
Mi mujer con piernas de cohete
Con sus movimientos de relojería y desesperación
Mi mujer con pantorrillas de médula de saúco
Mi mujer con sus pies de iniciales
Con pies de manojo de llaves con pies de canarios blancos que beben
Mi mujer con cuello de cebada imperlada
Mi mujer con su garganta de Valle de Oro
Que se cita en el lecho mismo del torrente
Con sus senos de noche
Mi mujer con senos de albergue marino de topos
Mi mujer con senos de crisol de rubíes
Con sus senos de espectro de la rosa bajo el rocío 
Mi mujer con vientre del despliegue del abanico de los días
Con su vientre de garra gigantesca
Mi mujer con espalda de pájaro que en vertical escapa
Con espalda de plata viva
Con espalda de luz
Con la nuca de canto rodado y de tiza mojada
Y de caída de un vaso donde se acaba de beber
Mi mujer con caderas de barquilla
Con caderas de araña y de rabo de flechas.
Y de tallo de plumas de pavo real blanco
De balanza insensible
Mi mujer con nalgas de arenisca y de amianto
Mi mujer con nalgas de tomo de cisne
Mi mujer con nalgas de primavera
Con sexo de espadaña
Mi mujer con sexo de arenal de oro y de ornitorrinco
Mi mujer con sexo de alga y de viejo bombón
Mi mujer con sexo de espejo
Mi mujer con ojos llenos de lágrimas
Con ojos de panoplia violeta y de aguja imantada
Mi mujer con ojos de sábana
Mi mujer con ojos de agua para beber en la cárcel
Mi mujer con ojos de bosques siempre bajo el hacha
Con ojos de nivel de agua de nivel de aire de tierra y de fuego.

"Antología (1913-1966)"
André Breton
Siglo XXI editores, 1973
ISBN: 9789872301490

sábado, 8 de diciembre de 2012

Noventa Y Tres

Transcurre en Francia el año de 1793. Es la hora del triunvirato Robespierre-Danton-Marat.En la Vendée, provincia ubicada al oeste del país -predominantemente agraria y un verdadero bastión del tradicionalismo-, se ha desatado una insurrección contra el gobierno revolucionario. Los intentos iniciales de sofocarla han fracasado y el alzamiento se extiende: es la guerra civil. En esta “hora de los sanguinarios”, “el terror replicaba al terror” (Hugo). Unos y otros –insurgentes y fuerzas republicanas- se destrozan sin perdón ni cuartel; nada, ciertamente, que desmienta la fama de crueldad extrema de las guerras civiles. En ‘Noventa y tres’ tenemos una interesante reflexión acerca del período, escrita por uno de los maestros de la literatura decimonónica.

Novela publicada en 1874 y concebida como primera parte de un ciclo sobre la Revolución Francesa que no llegó a concretarse, ‘Noventa y tres’ es la obra de un Victor Hugo (1802-1885) consolidado en su papel de paladín del republicanismo, además de hacer de monumento viviente de la literatura francesa. En ella,el célebre autor de ‘Los miserables’ –entre muchas otras obras- se vale del referido marco histórico y de unos cuantos personajes ficticios (protagonistas de la novela) para delinear algunos de los dilemas planteados por la revolución y la política del terror. Dilemas cuya relevancia es, en lo que hace al fenómeno revolucionario, universal.

La trama se despliega al pulso de la actuación de tres personajes: Gauvain, joven comandante de tropas gubernamentales que ha repudiado su origen aristocrático y adherido, por convicción e idealismo, a la revolución; el anciano pero vigoroso marqués de Lantenac, pariente de Gauvain y, en tanto líder de fuerzas vandeanas, su enemigo (cierta prueba de ferocidad del marqués hace decir a un personaje que “La Vendée tiene un jefe”; esto es, uno a la altura de las circunstancias: implacable y brutal); finalmente, Cimourdain, ex sacerdote devenido partidario del ideal revolucionario, inexorable y glacial en su cometido: es, al decir de Hugo, “el espantoso hombre justo”. Convencido de la necesidad de aplastar la insurrección (“Si la Revolución muere, será por la Vendée”, llega a afirmar), Cimourdain es designado comisario plenipotenciario del Comité de Salvación Pública para la guerra vandeana, lo que lo conduce a Gauvain, comandante de la columna expedicionaria que hostiga a Lantenac. Da la casualidad de que Cimourdain conoce a ambos jefes en liza: desempeñó otrora labores sacerdotales en casa del marqués y fue tutor del pequeño vizconde de Gauvain. En realidad, fue él quien sembró en el alma del joven su virtud republicana, y aunque han dejado de verse por mucho tiempo, se profesan uno a otro el afecto de un padre y un hijo.


"Noventa y tres"
Victor Hugo
ISBN: 9789500395014
Editorial Losada, 2007
Conforme progresa la narración se dilucida su conflicto medular, a saber: el problema de la clemencia en medio de una crisis de proporciones, tal que el axioma de ‘a grandes males, grandes remedios’ parece ofrecer la única alternativa seria y la clemencia convertirse en estorbo, haciendo del indulgente un irresponsable, cuando no un criminal. Lantenac y Cimourdain se merecen en cuanto a ferocidad; ambos están dispuestos a arrasar con todo lo que se oponga a sus respectivos designios: exterminar la revolución para restaurar la monarquía, en el caso del marqués; aniquilar a la contrarrevolución, en el del ex sacerdote. En ambos hay el mismo desprecio de la clemencia, en el convencimiento de que, cuando están en juego causas tan cruciales como las que ellos defienden, la misericordia para con el enemigo o el traidor sólo puede ser negligencia o, peor aun, otra forma de traición; un crimen imperdonable. Gauvain, en cambio, está hecho de otro material. Venera la revolución y la sirve con fervor, pero su fibra moral propende a la indulgencia.No ve, por ejemplo, en la matanza de prisioneros o de religiosos un favor a su ideal ni un servicio a la república, sino el peor modo de desacreditarlos. Así como el viejo Cimourdain representa la República implacable, su ex discípulo representa la República clemente. Gauvain considera los principios supremos de la revolución como dogmas de paz y armonía; si se quiere conquistar a los pueblos para la república universal, nada más contraproducente que asustarlos. “No hay que hacer el mal para hacer el bien. No se derriba el trono para dejar en pie el patíbulo”, asegura. Es un soldado para el que no tiene sentido vencer si no se puede perdonar. En la guerra vandeana, pues, estos jefes de las fuerzas republicanas –militar uno, Gauvain, político el otro, Cimourdain- personifican modos contrapuestos de entender la revolución y los medios de los que ella deba valerse ante quienes se le oponen. El conflicto es latente, y el logro de su objetivo, la derrota y captura de Lantenac, será la causa de su estallido.

Cimourdain tiene órdenes de matar al marqués; son órdenes que repugnan a Gauvain. Lantenac tuvo oportunidad de huir, pero ha preferido arriesgar su vida salvando a unos niños en peligro de muerte, los mismos que había secuestrado y con los que había pretendido chantajear a sus enemigos; el propio marqués ha cedido al llamado de la compasión.La conciencia de Gauvain se debate entreel deber moral que lo conmina a la piedad y el deber de lealtad y obediencia a la república y la revolución. Pero también se juega su modo de comprender el servicio a ambas; modo afecto a la bondad y la indulgencia.

Gauvain, enfrentado a este problema, obra según le dicta su conciencia aun a riesgo de hacerse reo del crimen de traición.No intenta huir ni pide clemencia para sí, pues entiende que ha infringido la ley. Es Cimourdain quien debe juzgarlo, con lo que se ve expuesto al problema de condenar a muerte a quien ama como a un hijo. En su mano está exonerarlo del patíbulo -no le faltan razones bien fundadas-. ¿Debe llevar al extremo su obediencia irrestricta al deber? ¿Qué Patria es ésta que se funda en la negación de la clemencia? ¿Se impone en todos los casos el deber legal al deber moral?

La novela da cuenta todo lo expresamente posible de la admiración de Hugo por la revolución. No niega sus errores ni sus horrores, pero sí está dispuesto a justificarlos (a cuenta del ideario democrático y republicano legado por el movimiento). En el balance de los beligerantes en el conflicto vandeano se decanta claramente por el bando revolucionario; esto al extremo de presentar dicha guerra como una confrontación entre el boscaje y el pantano provincianos, de un lado, y París (el del Comité de Salud Pública, de la Convención y de la guillotina), del otro. Confrontación entre campesinos y patriotas; entre Región y Patria; entre barbarie y civilización. Para mayor abultamiento, Hugo contrasta la insurgencia del montañés suizo (la de que tuvo por referente a Guillermo Tell) con la del campesino vandeano, declarando que mientras el primero combate por un ideal, el segundo lo hace por prejuicios; si el suizo lucha por la libertad y la comuna, el vandeano lo hace en nombre del aislamiento y de la parroquia. Afirma el escritor lo siguiente: “Las ideas generales odiadas por las ideas parciales es lo que constituye la lucha por el progreso”. La insurrección vandeana, en concepto del autor, no es más que la reacción de una idea local contra una idea universal.

Hugo hace gala de una buena dosis de fatalismo o determinismo geográfico. Atribuye justamente el triunfo de la rebelión suiza –rebelión de las montañas- y el fracaso de la rebelión vandeana –rebelión de los bosques- a “la influencia fatal del medio ambiente”. Según el novelista, “los países libres tienen Apeninos, Alpes, Pirineos, un Olimpo. [...] Grecia, España, Italia, Helvecia, tienen como figura la montaña; Cimeria, Germania o Bretaña, el bosque. El bosque es bárbaro”. En temeraria metáfora, Hugo sostiene que “la educación no es la misma si está hecha para las cumbres o para los bajos fondos”.

Visto el carácter ideológico de la novela, la construcción de personajes adolece de cierto esquematismo. No es que parezcan autómatas: aun los antipáticos Cimourdain y Lantenac exhalan algo de calidez humana, y Hugo se demora cuidadosamente en la caracterización de los protagonistas; pero importan menos como individuos imaginados que como portavoces de ideas. La obra carga con el lenguaje ampuloso e imponente al que era aficionado Hugo, sobre todo en los pasajes descriptivos y reflexivos. Los diálogos, a la par que abundantes, son chispeantes y acerados como si se tratase de duelos de espadachines; también son enfáticos y muy teatrales. Todo está concebido para impresionar al lector, incluyendo el dramatismo de la acción, poblada como está de giros sensacionales. Pero, a mi entender, nada más impactante que el dejo de simplismo que impregna las ideas del autor. La revolución francesa es en sí un tema conflictivo que difícilmente admite juicios unívocos. También exige hacer los distingos correspondientes (creo que 1789 no es lo mismo que 1793, por ejemplo).

sábado, 24 de noviembre de 2012

"La revocación del Edicto de Nantes"


Precisamente cuando se cumplen los cuatrocientos años de la firma del Edicto de Nantes (por el que Enrique IV de Francia regulaba la condición legal de la Iglesia reformada, poniendo fin así a la guerra de religiones), sacamos a la luz un libro profundamente herético (y erótico) que ejemplifica la imposible tregua, seguida de la revocación del edicto, en los escandalosos actos de su protagonista, Roberte, personaje principal de la célebre trilogía klossowskiana titulada Las leyes de la hospitalidad.

Estas perversas leyes de la hospitalidad —que Octave, anciano teólogo, voyeur y esteta, marido de Roberte, ha decidido que su esposa practique con cualquier extraño— llevarán a ésta no sólo a entregarse a cuantos la deseen, sino a cometer la herejía más osada. A través de los diarios que ambos escriben, asistiremos a las extrañas ceremonias de las que Roberte, apresada por la mirada de su marido, que la contempla como si fuera uno de los cuadros eróticos que atesora, será la ambigua víctima. Sus recuerdos de algo terrible que le ocurrió en Roma el año anterior, su reencuentro con el inquietante Vittorio, y los reclamos de caricias que la acometen en su propia casa o en las calles de París, van empujándola hacia una sexualidad que transgrede toda prohibición y toda moral establecida.
"La revocación del Edicto de Nantes"
Klossowski, Pierre
ISBN: 9788483106099
Tusquets






"Roberte, esta noche"


El que cuenta la historia de la enigmática Roberte y de su anciano marido Octave es el joven sobrino Antoine, quien, a la edad de trece años, fue adoptado por su tío, un eminente profesor de escolástica que, según Antoine, «padecía su felicidad conyugal como una enfermedad». Para encontrar alivio, Octave decide introducir en su vida una perversa ley de la hospitalidad. Así, instigada por su marido, Roberte se ve envuelta en el extraño ritual de ofrecer su hermoso cuerpo a cualquier huésped que lo desee. Pero ¿es realmente Roberte tan sólo un cuerpo que se ofrece, un instrumento de la voluntad ajena, fuente compartida de placer entre un viejo voyeur y un joven excitado por el deseo? Antoine, que vive una adolescencia agitada en la enrarecida atmósfera de esa casa y que siente una violenta pasión por su tía, va introduciendo paulatinamente al lector en las misteriosas ceremonias de una sexualidad que se sitúa más allá de toda prohibición, más allá de toda moral establecida, en el terreno virgen del erotismo en plena libertad.
"Roberte, esta noche"
 Pierre KlossowskiISBN: 978-84-8310-516-0
Tusquets




viernes, 23 de noviembre de 2012

"Butes"

Tres fueron los hombres que se enfrentaron al embrujo de las sirenas, esas extrañas aves que atraían irremediablemente a los marineros con su canto: Ulises, que tomó la precaución de hacerse atar de pies y manos al mástil de su navío, escuchó y sobrevivió; Orfeo, que en la expedición de los Argonautas vislumbró el mortal peligro de su música y lo neutralizó con las notas de su cítara; y Butes, navegante y compañero del anterior en la misma aventura, que sucumbió al hechizo y se arrojó de la nave.
Quignard rescata el acto de este personaje marginal de la mitología griega, «un olvidado del recuerdo del mundo», sin pretender jamás descifrarlo. Lo utiliza como paradigma de la  renuncia a la sociedad de los que hablan». Mientras que Ulises se las arregla para no renunciar a nada —consigue escuchar a las sirenas y también regresar a casa—, Butes accede al gran silencio mediante una música animal, que se opone a la bella mesura de la música órfica. En la misma línea de Michelstaedter, Quignard plantea la dicotomía de elegir entre el salvaje nihilismo del instante o la cómoda muerte por anquilosamiento a manos de las formas sociales. En estos tiempos en los que hasta la propia disidencia está definida como parte de la renovación del sistema, existen por fortuna, a manera de respiro, algunos antiguos contemporáneos como Quignard, uno de los pocos «escritores más silenciosos que los demás, en páginas más mudas todavía»



"Butes"
Pascal Quignard
ISBN: 9788496867819
Sexto piso, 2011