sábado, 13 de octubre de 2012

Menú 13 octubre - "Un desierto criollo"



Entrada: "Una excursión a los indios ranqueles" Lucio V. Mansilla











"Una nación es, ante todo, un sistema de secretos" José Ortega y Gasset

"Una excursión a los indios ranqueles"

Aventurero, bon vivant, militar, diplomático, expedicionario, periodista, diletante, político a veces, Lucio V. Mansilla fue, por sobre todas las cosas, un gran escritor, probablemente, el mejor narrador que dio la Argentina de su siglo. Nacido en Buenos Aires, en 1831 y muerto en París, en 1913, hijo de un guerrero de la Independencia y sobrino de Juan Manuel de Rosas, se inició muy joven en la literatura, compuso piezas de teatro y ejerció el periodismo. Participó en la Guerra del Paraguay y recorrió la India y Egipto, escaló en el Himalaya y durante su estancia en Francia trabó amistad con el poeta Paul Verlaine y la actriz Sarah Bernhardt. Entre sus obras cabe mencionar De Aden a Suez, Causeries de los jueves, Retratos y recuerdos, Rozas, Mis memorias, Máximas y pensamientos, Los 7 platos de arroz con leche, y Una excursión a los indios ranqueles, fascinante relato de su intento de firmar un tratado de paz con los ranqueles, frustrado por obra de las autoridades nacionales en perjuicio de los indios. Publicado por entregas en el diario La Tribuna, a partir de 1870, cuenta sus diferencias con el Gobierno y sus opiniones sobre "el problema indio" sin las distorsiones propias de la clase dirigente de su época. 




"Una excursión a los indios ranqueles"
Lucio V. Mansilla
ISBN: 9789872056201

Agebe

"La constitución en 2020. 48 propuestas para una sociedad igualitaria"


“¿Si usted tuviera la posibilidad de sugerir, para los próximos años, la modificación de algún aspecto particular de la Constitución qué cambio sugeriría, y por qué razones?” En una experiencia inédita en la Argentina, el Centro de Estudios sobre Democracia y Constitucionalismo y la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires convocó a una diversidad de especialistas a responder a esta pregunta, sometiendo a una mirada crítica a nuestra Ley Fundamental. Así nació este libro, que reúne casi cincuenta propuestas para repensar los derechos y la organización del poder que comparten dos rasgos centrales: una mirada inconformista frente al orden y la práctica constitucionales vigentes y la aspiración de un constitucionalismo más igualitario.

Inspirado en las preocupaciones y en la metodología del proyecto The Constitution in 2020, iniciado por los profesores Jack Balkin y Reva Siegel en la Universidad de Yale, pero sensible a las peculiaridades de nuestro contexto y trayectoria constitucional, La Constitución en 2020 es un ejercicio de aproximación que conjetura, a partir de novedosos y variados puntos de vista de autores excelentemente formados en el derecho público, qué debería decir la Constitución del futuro acerca de cuestiones como el principio de igualdad, el derecho de propiedad privada, los derechos previsionales y la seguridad social, los derechos ambientales, la libertad de expresión, la familia, la democracia, la representación y la participación política, el presidencialismo, la organización del Poder Judicial, el derecho de los pueblos originarios, los derechos humanos y la política criminal, entre muchos otros temas.


"La constitución en 2020. 
48 propuestas para una sociedad igualitaria"
Roberto Gargarella (comp.)
ISBN 978-987-629-180-4
Siglo XXi Editores 
392 págs

"Un desierto para la nación"


En el ensayo Un desierto para la nación, Fermín Rodríguez propone una mirada que señala la dispersión de otras miradas hacia el desierto. La voz se compone de diferentes voces: Humboldt, Darwin, Hudson, Sarmiento, todos los viajeros clásicos ingleses, Mansilla, Ebelot (que diseñara la zanja de Alsina), militares de la campaña de Roca, Borges, Martínez Estrada, Gamerro, Aira, Saer.

¿Por qué se pensó históricamente la pampa argentina como un desierto? La literatura ofrece, en el libro de Fermín Rodríguez, una cartografía que cuenta cómo fue configurado ese espacio política, económica y culturalmente a lo largo de la historia, desde Darwin hasta Aira y cómo, simultáneamente, se trazaron líneas que rechazaron los límites, aliándose con los flujos e intensidades de ese desierto.

Una entrevista acá

"Un desierto para la nación"
Fermín Rodríguez
ISBN: 9789871673155
Eterna Cadencia


















Bio
Fermín A. Rodríguez nació en 1967 y creció en Monte Hermoso, provincia de Buenos Aires. Estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires, donde ejerció la docencia hasta 2006, y Literatura Comparada en la Universidad de Princeton. Publicó en colaboración con Gabriel Giorgi Ensayos sobre biopolítica (2007). Es traductor y crítico literario, y escribe con regularidad en la revista Los inrockuptibles. Actualmente, enseña literatura latinoamericana en la Universidad de San Francisco.

"Las nubes"


Las nubes narra la historia de un joven psiquiatra que conduce a cinco locos hacia una clínica, viajando desde Santa Fe hasta Buenos Aires. Con él van treinta y seis personajes: locos, una escolta de soldados, baquianos y prostitutas, que atraviesan la pampa sorteando todo tipo de obstáculos. Allí se encuentran con Josesito, un cacique que siembra el pánico con el violín al hombro y ante quien uno de los locos predica la unidad de la raza americana. Esta falsa epopeya –tanto, quizá, como la de nuestro país– transcurre en 1804, antes de las invasiones inglesas y de la Revolución de Mayo, un momento seminal de la historia en el cual no hay imagen de nación ni nada está constituido.


"Las nubes"
Juán José Saer
Seix Barral
ISBN: 9789875804555



















viernes, 12 de octubre de 2012

Menú 12 octubre



Entrada: "Disparates y otros caprichos" Ramón Gómez de la Serna

Vino de la casa: "El final de las vanguardias" Eduardo Subirats

Plato principal: "Dadá Berlín" Manuel Berlín (Eds)

Postre: "Ginastera en el Instituto Di Tella. Correspondencia 1958-1970"












"No se trata de conservar el pasado,
sino de recuperar las pretéritas esperanzas"

Adorno y Horkheimer



"Disparates y otros caprichos"

Conocido por sus greguerías y juegos literarios, a veces metaliterarios, Ramón Gómez de la Serna lo es menos por esa otra faceta, la del relato corto o hiperbreve, a pesar de resultar ser el pionero de un genero menor en extensión pero grande entre los grandes y tremendamente atractivo y publicado en la actualidad. No fue el único. El propio Juan Ramón Jiménez habría de cultivarlo con bastante acierto y escasa resonancia. Ahora, la Editorial Menoscuarto presenta dentro de la colección Reloj de Arena dirigida por Fernando Valls , Disparates y otros caprichos, o lo que es lo mismo, una cuidada Antología de lo que se ha dado en llamar eufemísticamente “ ramonismo misceláneo ”. Y es que estamos ante uno de los autores más prolíficos del siglo XX, ante un escritor nada corriente, a menudo barroco y casi siempre sarcástico. Sirva así el ejemplo, La nube : La nube que oculto a San José y la Virgen, en su huida a Egipto, fue una nube de gasolina, provocada por un borrico mecánico 

"Disparates y otros caprichos" 
Ramón Gómez de la Serna 
ISBN: 9788493382353
Ediciones Menoscuarto

"El final de las vanguardias"

La vanguardia es un fenómeno ambiguo: fuerza negativa de crítica y de choque, principio de ruptura, movimiento guiado por un impulso revolucionario, ella ha asumido a lo largo de su historia reciente un cometido conservador. En las nuevas formas de la cultura administrada las vanguardias han adquirido un sentido afirmativo.
"El final de las vanguardias"
Eduardo Subirats
ISBN 9788476581759
Anthropos



"Dadá Berlín"


Influenciado por el expresionismo temprano y por el futurismo, aparece en Zúrich en 1916, en plena Guerra Mundial, el dadaísmo, una corriente literaria y artística activa hasta 1923. Es un movimiento atípico, abierto, sin programas previos, que no obedece a ninguna escuela o enseñanza preestablecidas. De condición internacionalista, antibelicista y antiburguesa, pretende revolucionar el arte y la literatura con una deliberada intención provocadora. El dadaísmo aspira a la destrucción integral de los valores fundamentales de la civilización occidental mediante el escándalo, el desconcierto, lo absurdo, lo grotesco y la risa corrosiva e irreverente. La presente selección reúne un conjunto de textos pertenecientes al grupo dadá de Berlín, ciudad en la que trabajaron los principales exponentes de este movimiento desde el final de la Primera Guerra Mundial. Junto a textos muy conocidos (el Manifiesto dadaísta de 1918 o ¿Qué es el dadaísmo y qué quiere en Alemania?), se recogen otros muchos, tan raros en las antologías existentes como imprescindibles para una correcta comprensión del dadaísmo berlinés. El orden de los textos respeta, en su mayor parte, la cronología de su elaboración o de su publicación, de manera que pueda constatarse más fácilmente la dinámica de formación y desarrollo del grupo, así como valorarse la evolución de sus propuestas.
"Dadá Berlín"
Manuel Maldonado (Ed.)

ISBN: 9788493326555
Doble J















"Ginastera en el Instituto Di Tella. Correspondencia 1958-1970"


“Fui alumno de Ginastera primero, su ayudante en la Universidad Católica después, y luego, en el Di Tella, estuve encargado de varias cosas, siendo algo así como un profesor adjunto pero sin un título especial.
La idea de Ginastera para el Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales (CLAEM) era traer becarios de toda Latinoamérica. Hizo llamar a un concurso en el que se elegía a doce, quizás por la vocación mesiánica de Ginastera, personas con la más vigorosa formación musical, con el objetivo de actualizarlos en lo que era la creación musical contemporánea de ese momento. Los becarios residían por dos años en Buenos Aires, y a muchos de ellos se les abrió la cabeza totalmente. A algunos para bien, a otros para mal, porque las consecuencias del Di Tella son muy ambiguas.
El CLAEM fue en gran parte obra de Ginastera, y fue una obra trascendente porque en buena medida Ginastera se atrevió a ir incluso más allá de sus inclinaciones o gustos personales. Me interesa destacar que Ginastera fue un hombre muy generoso, que supo albergar las más creativas tendencias de ese tiempo, aunque él no las compartiera.”
Gerardo Gandini

“El libro de Laura Novoa es consecuencia de un trabajo esforzado y dedicado en el transcurso de un extenso período. Su autora prácticamente “desempolvó” un archivo que permanecía vedado, probablemente por simple indiferencia. Pero el mérito de su autora es haber valorado un momento histórico en el desarrollo de la música en el país y hacer accesible a un público general valiosos documentos, ampliados con útiles comentarios aclaratorios. En suma, las cartas reunidas en este volumen significan un aporte original que sin duda abrirá nuevas perspectivas para entender la proyección del Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales en la evolución de la producción musical en América Latina.”
Francisco Kröpfl


"Ginastera en el Instituto Di Tella. Correspondencia 1958-1970"
María Laura Novoa (Comp.)
Biblioteca Nacional 
ISBN: 978-987-1741-11-3+

Compilación, estudio preliminar y notas María Laura Novoa
Prólogos Gerardo Gandini y Francisco Kröpfl




















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Laura Novoa es licenciada en Artes y Doctoranda en Historia del Arte (UBA). Egresada del Conservatorio Nacional de Música “Carlos L. Buchardo”. Investigadora del Instituto de Teoría e Historia del Arte “Julio E. Payró” (UBA) donde desarrolla estudios vinculados con la música argentina en los años sesenta y sobre el Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales. Es también docente en el IUNA y becaria de formación de posgrado de la UBA. En el 2009 obtuvo una beca del Fondo Nacional de las Artes y de la Andrew W. Mellon Foundation en el 2010. Participó en diversos proyectos de investigación PNUD, UBACYT, IUNA. Actualmente es integrante de un proyecto FONCYT dedicado a la música contemporánea argentina.

jueves, 11 de octubre de 2012

Menú 11 octubre




Entrada: "69 razones para no trabajar demasiado", Ciudadano Pérez

Vino de la Casa: "La conspiración de los porteros", Ricardo Colautti


Plato Principal: "Los hermanos Tanner", Robert Walser


Postre: "Bartleby: preferiría no"

"La libertad no consiste solamente en seguir la
propia voluntad, sino también, a veces, en abandonarla"

Kobo Abe

"69 razones para no trabajar demasiado"

La propuesta de trabajar menos es cualquier cosa menos frívola. Pero, pese a su vieja tradición filosófica, esta tesis parecía políticamente poco apropiada mientras estuvo vigente la promesa de crear un Estado del Bienestar. Sin embargo, la contrapartida que se ofrece hoy a cambio del esfuerzo laboral es precariedad creciente en el empleo, despido libre, contratos basura, salarios que rayan en el insulto, servicios públicos de salud deteriorados e incertidumbre en las pensiones de jubilación. En esas condiciones, entregar nuestra vida al trabajo por cuenta ajena parece cosa de tontos: “vive para ti solo, si pudieres, pues sólo para ti, si mueres, mueres”, advierte Quevedo. 

Razones para no trabajar demasiado las hay seguramente por miles. En este librito se presenta una breve selección que recoge lo que filósofos y pensadores de diversas épocas han dicho sobre lo que el impagable Paul Lafargue denominó “el vicio del trabajo”. Para entender el concepto es preciso leer a maestros del pensamiento como Sócrates, Epicuro, Séneca, Tomás Moro, Henry D. Thoreau o Bertrand Russell, entre otros. 
Si una mayoría de ciudadanos leyese a estos maestros y actuara en consecuencia, posiblemente el capitalismo caería sin necesidad de revoluciones. El experimento vale la pena. Esta guía de lectura va dedicada a quienes se atrevan a intentarlo. 

Ciudadano Pérez (Madrid, 1948) es periodista e inventor de libros tales como: Manual Práctico para la Desobediencia Civil (Pamiela, Pamplona, 1994); Itoiz: de la desobediencia civil al ecosabotaje (Pamiela, Pamplona, 1996); Política para los muertos civiles (Primer premio Certamen sindical 1º de Mayo, 1997); Crítica de la labor pura (Monografías Cedesc, Barcelona, 1998); Rebelión en la sociedad civil (Flor del Viento, Barcelona, 1999); Diccionario del Paro y otras miserias de la Globalización (Debate, Madrid, 2002); Manual del Manifestante (De Bolsillo, Barcelona, 2005).
 

"69 razones para no trabajar demasiado"
Ciudadano Pérez
ISBN: 978-84-92616-32-9
El viejo Topo

"La Conspiración de los porteros y otras novelas"


Hace muchos años, cuando encontré la novela Sebastián Dun en una librería de Corrientes, no tenía referencia alguna de su autor, un tal Ricardo Colautti. Miré las primeras hojas de la modesta edición de Sudamericana, examiné la tapa donde giraban y se superponían unos carretes de esos antiquísimos grabadores de cinta abierta, leí un par de líneas, le tuve fe a esa prosa que se mostraba zigzagueante, extraña. También me atrajo la ausencia de texto laudatorio en contratapa y la presencia de un aura de misterio que sentí al elegirlo entre un yuyal de libros que se apilaban sin orden en una batea. Lo leí de un saque, como se deben beber ciertas bebidas duras. Toc-toc, palo y a la bolsa. Al poco tiempo me encontré con La conspiración de los porteros y nuevamente experimenté la sensación de estar leyendo algo absolutamente inusual, incómodo para el listado de cualquier canon. Libros flaquitos pero fibrosos, petisos pero beligerantes, eso ofrecía el tal Colautti. Demasiado realista para los moldes del fantástico, llano para los experimentales y muy delirante para los barras bravas del realismo. Una vez me encontré en una fiesta con uno de sus editores, el mítico Daniel Divinsky, y le conté que un grupo de amigos creíamos firmemente que él era Colautti; inmediatamente me dijo que no, que Colautti existía y que era un abogado medio loco. Aunque ahora le estén adjudicando filiaciones arltianas y otras endemias, yo prefiero seguir conservando la imagen de ese Colautti sui generis que descubrí en una librería de Corrientes. Yo tengo mi propio Colautti y nadie me lo va a quitar. A pesar de su escueta extensión, Sebastián Dun no es una nouvelle, esa falluta palabrita franchuta, que a veces sirve para disfrazar cuentos largos. Sebastián Dun es una novela hecha y derecha que no necesita de la “morosidad del relato”, ni de las descripciones hiperbólicas. Colautti arma escenas condensatorias, las encierra en frasquitos de azafrán, con dos o tres movidas en el tablero de la narración expresa lo que a otros les costaría la redacción de una novela-río. “Me refugié en el Astral. Pasaba todo el día tomando copas y jugando dados en el mostrador. Tenía también un hobby, quemarme al sol, la cara sobre todo. Iba a una plaza y me quedaba sentado horas y horas de cara al sol, o me paraba junto a un árbol y miraba pasar las chicas. El tostado del sol da un aspecto próspero, optimista, aspecto de turista”, dice el protagonista Sebastián Dun confesando una poética que lo acerca a los desclasados que deambulaban la ciudad de Los inútiles de Fellini. En La conspiración de los porteros el infrahéroe Sebastián Dun es testigo de la existencia de unos comandos de porteros organizados para controlar y reprimir a los vecinos de Buenos Aires. Se dividen zonas y barrios, alimentan un aquelarre de sangre y muerte. El portero del edificio de Sebastián Dun tiene una hija que colabora con su padre en intrincadas operaciones: “Por lo menos una vez por semana había reunión de porteros. Iban con sus uniformes de gala. Don Juan me decía: ‘Tengo que arreglar la cabeza de los colegas, las conversaciones que mantengo con ellos son nada más que para eso. Son todas personas muy complicadas, les cuesta ubicarse socialmente, porque, ¿qué son? defensores de la propiedad, custodios del orden, servidores, ¿qué son? todo esto les crea dudas en su difícil profesión’”.

Buenos Aires se ve muy susceptible en las narraciones de Colautti y Sebastián Dun es un Gregorio Samsa porteño, arrastrado por una inercia metonímica fatal y tragicómica. Menos papel y más literatura parece haber sido el lema de Colautti quien se parece mucho a esos jugadores estilo Bochini: aparecen sólo lo necesario, cosa de definir partidos y campeonatos con un leve chasquido de sus dedos y luego acogerse a los beneficios del misterio, guardando el secreto en una caja con miles de cerrojos. Con ese puñado de maravillosas peripecias que conforman Sebastián Dun, La conspiración de los porteros e Imagineta, Colautti abrió y cerró un espacio, cosa reservada para muy pocos.


Rodolfo Edwards

"La Conspiración de los porteros 
y otras novelas"
Ricardo Colautti
ISBN: 9789872314569
Mansalva

"Los hermanos Tanner"

«¿Acaso Simon Tanner no vagabundea, nadando en la felicidad, para no producir nada, a no ser el goce del lector?»
Franz Kafka.



De 1905 a 1913 el escritor suizo Robert Walser vive en Berlín, donde el poeta Christian Morgenstern lee Los hermanos Tanner, su primera y más celebrada novela, que recomienda al editor Bruno Cassirer: «Este hombre hablará así mientras viva y sus libros serán un extraño y fascinante espejo de la vida». Como todas las obras de Walser ésta entusiasma a críticos y escritores, pues, al igual que El ayudante y Jakob von Gunten, sus otras dos grandes novelas, retrata con excepcional intensidad el perfil errante de su autor, uno de los novelistas que más influencia ha ejercido sobre tres generaciones de escritores alemanes.


"Los hermanos Tanner"
Robert Walser
Trad por Juan José del Solar
ISBN:978-84-7844-488-5
Ediciones Siruela




"Bartleby: preferiría no.Lo bio-político, lo post-humano"



Bartleby: preferiría no. Lo bio-político, lo post-humano, reúne a Gregorio Kaminsky, Jorge Lovisolo, Mónica B. Cragnolini, Patricia Digilio, Alejandro Kaufman, Diego Tatián, Juan Besse y Marcelo Percia, en torno a la pregunta por la declinación o el naufragio de lo humano.
Es Bartleby, el escribiente, de Hermán Mol vi lie, el personaje que acomuna, de alguna manera, estos escritos. Los reúne al modo de la alusión, de la referencia, de la elusión, o del silencio. Bartleby (el enunciador del extraño "Preferiría no") pone en jaque la idea de lo humano como consecución de un fin y puesta en obra de la potencia (de querer, de actuar), hace evidente el principio de ruina que habita toda postulación del valor de un cierto modo de ser de lo humano, aquel predicado por los humanismos.

¿Por qué reunir a Bartleby, la biopolítica y lo posthumano?
Que lo viviente sea objeto de la política, que lo viviente se transforme y trastorne en el ámbito de las biotecnologías, que lo viviente se convierta en "material disponible" (más disponible que nunca) del hombre: he allí lo que ya no asombra a nadie. Ante esa falta de asombro, tal vez Bartleby represente el naufragio de un modo de concebir al existente humano, naufragio que señala un entretiempo en el que se torna necesario pensar en la alianza entre los biopoderes y los tánatopoderes en la que estamos existiendo (aunque preferiríamos no hacerlo).
"Bartleby: preferiría no.
Lo bio-político, lo post-humano"
VV.AA
ISBN: 978-987-22884-9-5
La cebra

miércoles, 10 de octubre de 2012

Menú 10 octubre 2010 - "Argentópolis"


Vino de la casa: "¿Adónde va la verdad?", Pierre de Roo












"No avives a los giles que después
se te ponen en contra"

Carlos Gardel

"La risa canalla (o la moral del bufón)"

Tomar distancia del "yo lírico" fue uno de los primeros motivos que impulsaron la composición poética de Leónidas Lamborghini (1927), desde El saboteador arrepentido (1955), pasando por más de veinte obras de poesía (entre ellas: Las patas en la fuente, Partitas, El riseñor, Circus, El jardín de los poetas, Carroña última forma) hasta la que aquí nos ocupa. Esta frondosa producción poética (a la que se suman dos novelas y una obra de teatro), que conjuga de un modo excepcional la tradición con la transgresión, se distancia del yo lírico poniendo en juego la dramatización, el diálogo en contrapunto (en el esquema de "gauchesco urbano" que guía la saga de El solicitante descolocado, de 1971), la parodia y la multiplicación de voces que estallan, magistralmente, en La risa canalla (o la moral del bufón).

 "La moral del bufón" abre el libro como un "Arte poética" de la parodia que revela la imperfección del modelo ("-La verdad del Modelo, es su propia/ caricatura, y ésta revela/ la mentira de su propia perfección.") y conjuga lo trágico y lo cómico hasta lo grotesco ("Desde el reír, lo trágico mirado;/ la tragedia que empieza en la parodia,/ sigue en caricatura y da en grotesco"). También da la pauta de la construcción formal de cada poema: una serie de tercetos de endecasílabos (hay excepciones en la medida), de extensión variable, cerrada por un verso solo. A la voz del bufón siguen las otras voces (más de cincuenta), agrupadas en "Comiqueos" I, II y III: voces de personajes que se presentan en general en primera persona después de haber sido presentados por lo que funciona como título, precedido por la preposición "de". Los "comiqueos" pueden ser así, por ejemplo, "del balcón", "del boleto" o "de Husur Imperatur". Como en los mejores tangos, con una música acorde con el tema (también las letras dejan aquí su impronta: "Era una forma de no ver, cegarme;/ una forma, de la poesía cruel/ de no pensar más en mí [...]"), cada voz cuenta concisamente su historia, que en muchos casos es trágica (más que en el tango) hasta el horror.

 En "Comiqueos I" se combinan las voces que vienen de la publicidad o del espectáculo (la "de una microcámara" que filmó el orgasmo de una mujer para TV, por ejemplo) con las que remiten al arte, a la literatura (tales la "de Finnegans Jim" o la "de Ungaretti") o bien a las tragedias que de tan frecuentes se borran, como la voz "de los ladrillos parlantes" que vuelan por una bomba ("-Volamos, abrazados, por los aires/ y en escombros caímos convertidos:/ nosotros y los cuerpos que volaron"). En "Comiqueos II" predominan las voces de la tragedia social, como la "de una madre" ("-Desnutrición me llamo y soy la madre/ de esta niña que tengo entre mis brazos/ y a la que amo con todo mi hambre"), la "de un Imperio" (el Imperio de las Villas), o la "del hombre de la Plaza" (el jubilado). En "Comiqueos III", la tragedia social y la familiar se condensan en cada voz: las que pueden parecer más hiperbólicas o grotescas, como la "del asador" ("-Aproveché la ausencia de mi esposa/ Elda Vega; yo, Víctor Esparza:/ para vengarme de ella asé a mis hijos."); las que remedan la tragedia clásica, como la "del hijo amante" que cuenta la larga historia de miseria que lo llevó a violar a su madre, o las más cotidianas (si pudieran hablar, ¡y en ese tono!), como la "del bebé cómplice" de la madre obligada a abandonarlo en un umbral ("Pero no me quejé, guardé silencio,/ sin un chillido o un sollozo; cómplice/ de mi madre y su santa voluntad").

 Desde la distancia de un director de teatro, con su ojo de lince, irreverente, en ese espacio singular en que hacer poesía es hacer política, Lamborghini hace hablar a las piedras bufonas para que la caricatura revele la imperfección del modelo, despliega la parodia donde se cuece el vocablo crudo y, en ese despliegue, le da voz a lo que no tiene voz, a los que no tienen voz ni voto. Es un dador de voces: ése es su arte y su don. Todo un prodigio.

María del Carmen Rodríguez




"La risa canalla (o la moral del bufón)"
Leónidas Lamborghini 
ISBN: 987-9409-43-4
Paradiso

"¿Adonde va la verdad? Artimaña, violencia y filosofìa"



La reciente publicación de ¿Adónde va la verdad? (Waldhuter Editores), del filósofo belga Pierre De Roo, resulta más que sugestiva por su llegada inesperada. De Roo es un filósofo excéntrico para su propia tradición, en el sentido que se ubica fuera de su linaje y de las principales corrientes de la filosofía contemporánea en lengua francesa.


Un pensador que prefiere dialogar con Wittgenstein y la filosofía analítica angloamericana que con el posestructuralismo o el psicoanálisis. En ese aspecto, el gran aporte de su libro es volver a pensar de modo sistemático y muy claro la tensión entre verdad y violencia. Y para ello emprende una genealogía que lo lleva hasta el debate de Platón con los sofistas. Ese recorrido lo hace disparar ideas provocadoras y sustanciales, tales como: “Platón fue el mejor sofista”, o bien “Heidegger es un modelo de cómo no hay que hacer filosofía”.

Sostiene que “durante veintitrés siglos, en la historia de la filosofía, todo se mantuvo igual”, y tampoco es piadoso con su propia tradición: “La filosofía francesa es la filosofía de las ideas vagas”, así como que “Sartre fue una montaña que dio a luz a una rata”, reeditando una frase adjudicada a Hannah Arendt. 
Esa razón dura, se transmuta en una reflexión clara y limpia, así como su escritura, y deja entrever su dirección: hacer que la filosofía baje a la tierra, abandone ideas abstractas y vagas, y propicie las condiciones del diálogo. De Roo clama por una filosofía que fije ese diálogo y deje sin efecto lo que llama “la artimaña de la violencia”. Una filosofía contraria de la platónica que, en los hechos, fundamentó y legitimó la violencia. Sobre estos y otros temas dialogó con PERFIL.
"¿Adonde va la verdad? Artimaña,
violencia y filosofìa"
Pierre De Roo
ISBN: 9789872754006
Waldhuter Editores

—¿Cuál es la relación entre violencia y verdad que usted plantea?
—Es la idea principal del libro y el primer interrogante que planteo. En todos los regímenes totalitarios para dominar no alcanza sólo con la fuerza o la violencia, se necesita algo más, y eso son las ideas. Esas ideas funcionan como la coartada de la violencia y que impiden que el verdugo tenga mala conciencia. Cuando uno mata tiene razón pase lo que pase. Ese fue el mecanismo que me impulsó a estudiar. Lo otro que me interesó fue retomar una idea de Hannah Arendt que dice que el nazismo no tiene nada que ver con la civilización occidental. Es precisamente la negación de los valores occidentales. En cierta manera es como decir: “esto podría no haber sucedido” o más bien “no debería haber sucedido”. Lo mismo se dijo en la Perestroika con el stalinismo, que éste no era malo en sí, sino era Stalin el que cometió un error. A lo largo del libro traté de encontrar una relación sistemática al vínculo que se ha dado siempre entre violencia y verdad. La idea fue remontarme a los orígenes de esa historia y así llegué a Grecia. Lo que trato de demostrar es que la verdad es una estratagema, una artimaña. Platón en su relación con los sofistas obviamente quería ganar porque ellos proponían un relativismo. Y Platón les dice que no, que hay una sola verdad y esa está en el mundo de las ideas. En realidad lo que hizo Platón fue aplicar una artimaña. Para resumir podría decir que Platón fue el mejor de los sofistas y no su enemigo.

—¿Por qué fue tan fuerte el platonismo y ganó en la tradición del pensamiento occidental?
—Justamente, porque la idea de verdad de Platón que se presenta tan limpia y transparente está dotada de una faceta oculta que es la de la artimaña. La inteligencia griega desde sus inicios tiene dos dimensiones: la práctica, la inteligencia del saber hacer, del matemático o médico; y luego el conocimiento maquiavélico que se halla en todo el pensamiento griego, como los ejemplos de Hermes o Ulises en sus aventuras, que siempre encuentran un modo de superar sus dificultades porque son más inteligentes que sus adversarios. Esa artimaña siempre está oculta. Es la inteligencia de la persona que actúa en la oscuridad, nunca de día. Hay tratados de geometría o matemática, pero nunca hemos encontrado un tratado de artimañas, y eso es muy interesante. Habrá que esperar hasta el Renacimiento, a Maquiavelo o Baltasar Gracián, que escriben libros de consejos al príncipe.
—¿Cómo piensa a Nietzsche en este marco en tanto reversión del platonismo?
—Las ideas de Platón tuvieron tanta fuerza porque tenían estas dos facetas. Si existe el mundo de las ideas, éste es el mundo atrapado en ellas. Con el romanticismo y Friedrich Nietzsche el mundo se rebela. 
Por eso Nietzsche es muy importante. Ahí se va a ver el juego entre la esencia y la existencia, el ser y el no ser. La existencia quiere adquirir esencia. Y va a haber consecuencias de liberarse o salirse de esa trampa. Durante veintitrés siglos se impuso la idea de la verdad desde la razón o la religión. La revuelta romántica es contra la razón platónica y la salvación cristiana. Durante esos siglos todo se mantuvo igual. Pero en los últimos doscientos años se producen los cambios, por ejemplo, Hegel hace superponer los dos ámbitos en la lógica del amo y del esclavo y la dialéctica. En el otro movimiento, el del nazismo, es el mundo el que va atrapar a las ideas. 
Los nazis decían que estaban contra la inteligencia y la despreciaban, estaban apegados al racismo, a la sangre. Hay dos entidades entonces que se van tendiendo trampas la una a la otra. La historia de la metafísica occidental es esa: la relación entre la esencia y la existencia. Heidegger va a explicar así muchas cosas. 
—El caso Heidegger siempre es interesante. ¿Qué piensa de esa gran paradoja de Heidegger de haber liquidado la metafísica al mismo tiempo que se afiliaba al nacionalsocialismo? 
—Es un fenómeno muy curioso que muestra el punto muerto al que había llegado la filosofía. El compromiso de Heidegger con el nazismo es totalmente paradójico. El habla de la nostalgia o del olvido del ser: este es el mundo y el ser está más allá. Lo que hace Heidegger es ubicarse entre los dos. 
Hay una palabra que utiliza que es la errancia, como el otro destino. Heidegger quiere volver al ser. Mientras que los nazis tienen una ideología que es la de destruir al ser. En Ser y tiempo, la filosofía de Martin Heidegger no tiene nada que ver con el nazismo. Si en Hegel la verdad es contradictoria, el propio Heidegger no se ubica en un territorio de verdad, no propone nada. Esa es la crítica que le hacía Karl Jaspers. Por eso Heidegger quiso vincularse al nazismo, para fundamentar las debilidades de su teoría. Y se hizo nazi con esa finalidad. Quiso convertirse en el jefe de fila del pensamiento nazi, pero los nazis sabían que Heidegger no tenía nada que ver con el nazismo. No había muchos filósofos nazis, pero sí profesores de filosofía que lo criticaban mucho. 
Heidegger nunca dijo nada sobre el exterminio de los judíos, sino que continuó defendiendo ideas que yo calificaría de neonazis. Es extremadamente ambiguo e incluso deshonesto. Heidegger es el ejemplo de cómo no hay que hacer filosofía. 
—El último Heidegger vira y se vincula con la poesía y la mística. 
—Yo creo que Heidegger es un personaje muy alemán, del sur de Alemania. Me parece que tiene un talento de poeta. Pero se equivocó por completo en su filosofía, me parece que le gustaba el poder.
—¿Y luego de Heidegger, qué le parecen los filósofos franceses de la posguerra, como Sartre, Foucault o Deleuze? 
—Voy a ser un poco provocador, pero me parece que la filosofía francesa de la posguerra escogió el mal camino. Pienso que hay algunos extraordinarios, pero no comprendieron hasta qué punto la ontología católica era peligrosa. Yo soy partidario de la escuela anglosajona positivista, que niega la existencia de la ontología. Pienso en filósofos de la escuela de Viena y en Wittgenstein que no tienen mucho éxito en Francia. Sólo algunos que se interesan por la filosofía del lenguaje. Hannah Arendt dijo de Sartre que era como una montaña que había dado a luz a una rata. Me gusta esa imagen. La filosofía francesa se queda mucho en la retórica: es la filosofía de las ideas vagas. 
—¿Usted menciona a Spinoza en su libro, cómo lo posiciona?
—Para mí es el filósofo por excelencia. Fue quién inspiró a Hegel. Spinoza tiene una posición casi budista. Mientras que Hegel introdujo la dimensión de la historia y la dialéctica, pero Hegel es spinocista y cristiano. El resultado de la dialéctica es llegar al espíritu que sería como llegar al espíritu divino. Spinoza hizo descender a Dios sobre la tierra. 
—¿Cómo piensa hoy la filosofía, qué le parece lo más relevante?
—Me parece que la filosofía ha llegado a un punto importante. Sigue arrastrando ideas antiguas y el poder de las ideas falsas es muy grande. Yo creo que lo que le falta a la filosofía hoy día es abandonar las ideas abstractas y volver a la tierra, eso lo encuentro en Wittgenstein. Me parece que hay que abandonar las ideas raras y volver a lo concreto. Si hoy en día la filosofía puede ir hacia un lado, sería justamente en el sentido de acercar a las personas, en lugar de poner etiquetas sobre las cosas, debería generar posibilidad de diálogo. En un mundo como el de hoy donde estamos obligados a ponernos de acuerdo, creo que la filosofía puede ser muy útil. Y la filosofía debería crear las condiciones filosóficas del diálogo: el platonismo no es una filosofía del diálogo, por eso viene la violencia.

Luis Diego Fernandez

"Historia del Pueblo Argentino"


“Una vida breve, una obra perdurable”, escribe Horacio Tarcus en la introducción a Historia del pueblo Argentino, volumen en el que el sello Emecé reunió seis tomos de un proyecto en el que el historiador marxista Milcíades Peña (1933-1965) se propuso reescribir 500 años de historia. Lo hizo a fuerza de derribar mitos tan instalados –aún hoy lo están, y eso es lo que le da una profunda actualidad a su obra-- que parecían independientes de las premisas y perspectivas que los construyeron. ¿Estamos seguros de que la independencia de 1810 fue una revolución social lograda gracias a un levantamiento popular? ¿Eran nacionalistas los gobiernos de Rosas y de Roca? ¿El peronismo encauzó el desarrollo nacional autónomo?

Decir que Peña era autodidacta no es del todo falso, pero tampoco estrictamente cierto: la formación política puede ser más productiva que la escolarización indefinida. Y Peña se formó en el trotskismo morenista desde muy joven. Sus estudios son, de hecho, una precisa aplicación de la teoría materialista a los procesos históricos, lejos de cualquier reduccionismo economicista, aunque (o precisamente por eso) su influencia, en lugar de reducirse a los teóricos de izquierda, llegó a las más diversas corrientes historiográficas. De esa enorme y ecléctica influencia nos habla el panel de intelectuales que presentó esta edición definitiva días atrás, en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA: la socióloga Maristella Svampa, el historiador Horacio Tarcus, el filósofo José Pablo Feinmann y el editor Fernando de Leonardis (faltó, con aviso, Eduardo Grüner). Pero también, como recuerda el propio Tarcus, en las décadas de 1970 y 1980, cuando nadie sabía muy bien quién había sido Milcíades Peña, una gran diversidad de autores comenzaron a utilizar sus categorías; Oscar Oszlak y Waldo Ansaldi recurrieron al concepto de “suboligarquía financiera” para pensar el juego de las facciones internas a la burguesía en el proceso de formación del Estado. El historiador británico David Rock y el francés Pierre Salama reconocieron su deuda con Peña en sus estudios sobre Latinoamérica. Los más prestigiosos autores que ensayaron una interpretación sobre el peronismo –Carlos Fayt, Alberto Ciria, Miguel Murmis, Juan Carlos Portantiero, Alejandro Rofman, Tulio Halperin Donghi y, más recientemente, Felipe Pigna-- retomaron sus tesis, a pesar de que en ellas se caracterizaba al movimiento justicialista como “bonapartimo”. El propio Feinmann arrancó su exposición, a la que concurrió con aquellas viejas ediciones publicadas como folletín, llenas de notas y subrayados, destacando que entre los autores más importantes de su formación estaban “Marx, Hegel, Sartre y Milcíades Peña”.

Es difícil imaginar hasta qué punto hubiese sido importante su producción si en 1965 y con sólo 32 años no hubiera acabado con su vida. Como es difícil imaginar hoy un intelectual de tan sólo 25 años escribiendo esta obra monumental, alejada de cualquier academicismo sin perder por eso rigurosidad, y publicándola escondido tras un seudónimo. Detrás de aquella fatal ingesta de pastillas pudo haber una infancia tortuosa – varias enfermedades y una madre con problemas psiquiátricos que terminó dándolo en adopción a sus tíos--, pero sin duda también un desencuentro con la clase obrera que, en esa época de peronismo conscripto pero omnipresente, lo habían dejado solo otra vez: los trabajadores no querían encabezar la revolución, querían que volviera su líder. No deja de ser sintomático que, en una obra poco propensa a los nombres propios, donde los sujetos históricos y las fuerzas políticas son remitidos a los procesos sociales, las figuras de Sarmiento y Alberdi se destaquen en su dimensión trágica. Donde el drama personal –la desconexión del intelectual tanto con la burguesía como con los trabajadores— expresaba el drama argentino: la falta de clases donde apoyar su programa de construcción de una gran Argentina.

"Historia del Pueblo Argentino"
Milciades Peña
ISBN: 9789500434409
Emecé
Esa Argentina grande con la que soñaban tanto Alberdi como Peña podría haberse parecido al Paraguay de mediados del siglo XIX, un país esplendoroso hasta que la “Guerra de la triple infamia” (en términos del propio Peña) lo destruyó, dejando diezmada a una nación que lo tenía todo: medios de transporte (se desarrollaron los ferrocarriles y en su astillero se construían modernas embarcaciones) y comunicación (telégrafo), y ni una sola deuda. No porque les faltara el crédito externo sino porque se bastaban con lo que generaban internamente. Fueron los intereses británicos sobre esos territorios donde se producía el algodón que ya no se podía conseguir en el sur de los EE.UU. después de la Guerra de secesión (finalizada, justamente, en 1865, cuando comenzó la Guerra del Paraguay), los que forzaron a las elites argentinas, brasileñas y uruguayas a enviar a sus ejércitos contra las tierras gobernadas por el mariscal Solano López. La justificación retórica de Bartolomé Mitre que extracta Peña en Historia del pueblo argentino no se diferencia de la que podríamos escuchar hoy de los voceros de la OTAN: la guerra no se hacía “contra el Paraguay sino contra el tirano que la esclavizaba” y se hacía en nombre de la civilización y el liberalismo contra la barbarie. Esa es la versión que llegó a Wikipedia. Cinco años le tomó a esa alianza latinoamericana digitada por Inglaterra doblegar la voluntad de lucha guaraní, que no cesó sino cundo quedó el 15% de la población masculina, entre 200 y 300 mil hombres, en pie.

Pero por qué, como recuerda Feinmann, “el modelo paraguayo era el único proyecto alternativo en Sudamérica para Peña”. Porque para él, el drama nacional era, precisamente, la “falta de síntesis entre las dos clases que había en la Argentina”. Por un lado, una burguesía comercial porteña, que no producía nada pero necesitaba un mercado interno para vender los productos importados; por otro, los estancieros y saladeristas, vinculados a la producción del país, “pero que eran antinacionales porque tenían el control del puerto y de la aduana y no estaban interesados en la conformación de un mercado interno”. Esta es la síntesis que no fue, y que podría haber generado una clase cuya producción nacional necesitara de la generación de un mercado interno, que fue lo que sucedió en EE.UU. y, en parte, era el proyecto del Paraguay.

Maristella Svampa se detuvo en tres de los mitos que nuestro autor se empeña en derribar. Contra el mito de nuestro pasado feudal y la superioridad de la colonización inglesa, “Milcíades analiza los modos de producción que conoció la América colonial siguiendo a un historiador olvidado, Sergio Bagú, quien defendía la hipótesis de que, después de la colonización española y portuguesa, América latina asume el patrón de organización capitalista adoptando una forma singular: el capitalismo colonial”. En este, si bien subsisten formas de organización feudal y esclavista, se produce para un mercado internacional. Peña retoma esta perspectiva para hablar de un desarrollo desigual y combinado, algo que no era evidente en la época y que llegará a conceptualizarse de manera más acabada con la teoría de la dependencia en los 70.

Peña discute, así, con los que tienen una visión idealista de la historia. La colonización inglesa, para él, no fue superior a la española; de hecho comprendió tanto el norte liberal e industrial como el sur esclavista de los EE.UU. El problema argentino, para este autor, es otro: “la maldición de la abundancia fácil”. “Es precisamente la prodigalidad de la tierra (la riqueza natural) lo que explica para Peña el retraso de nuestras sociedades y la emergencia de una clase dominante parasitaria”, señaló Svampa y se refirió a teorías recientes que retoman esta perspectiva en América latina para explicar, por ejemplo, fenómenos como el extractivismo, la sobreexplotación de los recursos naturales o la “república sojera”. ¿Cómo van a salir del atraso exportando vacas y cueros?, se pregunta el autor. En su presentación, Svampa propuso reemplazar “vacas” por “soja” para interpretar la realidad actual.

Milcíades propone leer a Sarmiento y Alberdi “sin lagañas tradicionales” para desmitificar la dicotomía civilización o barbarie, como si se trataran de categorías fijas. Para ambos próceres, que tenían proyectos nacionales distintos (uno apoyaba la centralidad de Buenos Aires y el otro la Confederación), la barbarie estaba tanto en el interior como en Buenos Aires. Pero lo que pone en diálogo a los tres autores, para Svampa, es que “identifican a la civilización con el desarrollo nacional autónomo”.

Por último, la socióloga rescató una nota a pie de página donde Peña dice que el peronismo, como el bonapartismo, es el gobierno del “como sí”, que tiene “la capacidad de colocarse por encima de las clases pero extrae su fuerza de los conflictos de clase”. Vale decir, explicó Svampa, que detrás del progresismo y de una posición pretendidamente revolucionaria, lo que el autor trotskista veía es un gobierno conservador.

Si bien Svampa se lamentó por no encontrar en las páginas de Historia del pueblo argentino el sujeto emancipatorio que sería capaz de escribir otra historia, no es menos cierto que con su análisis de las clases dominantes y la situación colonial en la que se encontraba el país, Peña se adelantaba a esos estudios que hacen foco en las elites más que en quienes las resisten; estudios que hoy son reclamados no sólo desde las academias sino desde los nuevos movimientos sociales, quienes comienzan a percibir que el germen de los problemas sociales no arraiga en la pobreza extrema sino en su reverso: la riqueza desmesurada.


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Peña  Básico:

La Plata, 1933 – Buenos Aires, 1965. Fue militante trotskista desde su adolescencia hasta su temprana muerte. Autodidacta, escribió sobre historia y sociología, fue editor y traductor. Se convirtió en un referente de los intelectuales marxistas. Polemizó con Abelardo Ramos (“un apóstol del disparate”), con los revisionistas y con la historiografía liberal. “El desarrollo histórico no es armonioso y lineal, sino contradictorio y desigual”, decía Peña. Historia del pueblo argentino fue su proyecto más ambicioso. Redactado entre 1955 y 1957, fue publicado póstumamente en 6 entregas y ahora reunido en un solo volumen: Historia del pueblo argentino, donde analiza la formación económico-social del país y su estructura de clases desde la colonización española hasta el golpe militar que derrocó a Perón en el 55.

AGUSTÍN SCARPELLI